CINE

20000 días de posibilidades infinitas

Por Chan Tejedor

 

Dos caras de la misma moneda, dos rockumentales que en realidad funcionan como ensayos sobre la memoria: 20000 Days on Earth  y The Possibilities are endless.  Desde la abundancia de recuerdos hasta la imposibilidad verbal de narrar, ambos exceden lo meramente documental: son imágenes-poesía, crean mundo como cualquier expresión artística debería hacer y reflexionan no sólo sobre la niñez, el amor, la capacidad creativa y el trabajo cotidiano sino también sobre la memoria.  

 

Este año que termina no vi tantas películas, o tantas como las deseadas o la cantidad que estoy acostumbrada a ver. Vi apenas, al día de la fecha, unas 165 películas, la mayoría decepcionantes, pocos estrenos interesantes y aquellas que considero obras maestras fueron en realidad, clásicos que volví a ver. Pero recordaré el 2015 como el año en que, creo, vi la mayor cantidad de documentales de rock y música. Desde Cobain: Montage of Heck hasta The Wrecking Crew, pasando por Mr Blue Sky: The Story of Jeff Lynne & ELO; Filmage: The Story of Descendents/All, los documentales que vimos casi todos gracias a la comodidad de Netflix: Keith Richards. Under the influence y What Happened, Miss Simone? y varios más. 

De todos ellos, destaco dos que son en realidad del año pasado (2014), producidos ambos por Pulse Films y Film4 Productions y con el apoyo del British Film Institute. Se tratan de 20,000 Days on Earth de Iain Forsyth y Jane Pollard, el docuficción sobre el día número 20000 en la vida de Nick Cave; y The Possibilities are endless de James Hall y Edward Lovelace, un ensayo artístico sobre cómo Edwyn Collins tuvo que reconstruir sus recuerdos, sus palabras, su identidad y hasta el habla, luego de un derrame sufrido en el 2005, que lo dejó en coma profundo y del que al despertar sólo decía Grace Maxwell (el nombre de su mujer, quien además es su manager) y The possibilities are endless.

Ambos exceden lo meramente documental, son imágenes-poesía, crean mundo como cualquier expresión artística debería hacer y reflexionan no sólo sobre la niñez, el amor, la capacidad creativa y el trabajo cotidiano sino sobre la memoria y -como ha definido Borges a los clásicos- sobre las posibilidades inherentes de hacer, en este caso, un documental. Son por lo tanto, me atrevo a decir, futuros clásicos. Obras maestras e infaltables en la videoteca de cualquier fanático, no sólo de la música, sino del cine.

En el afán de terminar de redondear un escrito comparado entre los dos films, hice el trabajo de ver las películas en synchro y me he encontrado varias sorpresas agradables. Prometo un futuro post con las casi 200 imágenes que capturé de las películas proyectadas al mismo tiempo, post al que lamentablemente le faltará el audio.

Las dos películas abren con el siguiente plano:

 

La televisación del recuerdo, Edwyn Collins en Late Night con Conan O’Brien, cantando su hitazo “A Girl like you”, y un wall de televisores que ametrallan en tan sólo unos segundos, los 20000 días en la Tierra vividos por Nick Cave. Queda claro desde el principio que la idea en ambos es hacer un skip al tipo de documental más obvio, brindando en menos de dos minutos iniciales (mucho menos que los 10 minutos que necesitaba Hitchcock), un zip de imágenes con la consigna tácita de “si quieren material de archivo, ya saben donde ir a buscarlo, porque lo que van a ver es algo completamente diferente” y lo es. Los directores de cada película están muy cercanos a sus objetos de estudio. Iain Forsyth y Jane Pollard son amigos personales de Cave y vienen trabajando con él desde hace aproximadamente 7 años, comenzaron haciendo un trabajo de método de imágenes al que inexorablemente, las palabras y el guión de Cave y Warren Ellis terminaron de dar forma a lo que sería un proyecto mucho más grande que el que se buscó originalmente. Por su parte, James Hall y Edward Lovelace eran fanáticos de Collins y Orange Juice, y también de Frederick Wiseman como referente de realizador documental. Enamorados de la historia por la que tuvo que atravesar Collins, le hicieron varias entrevistas de las que surgieron la composición de imágenes que traducirían el desafío de las posibilidades de contar la historia de una persona que prácticamente no puede hablar.

Contar a partir de un archivo respetuosamente guardado, con agentes del recuerdo que acceden a las fuentes con guantes de látex en el caso de Cave, un obsesivo que pudo atesorar su vida, sus palabras y sus verdades monstruosas en una especie de Biblioteca de Babel de los recuerdos; o contar desde el limbo, desde el vacío y con la gran ayuda de Grace, la guardiana oral de la historia de Collins. Dos caras de la misma moneda, dos rockumentales que en realidad eran ensayos sobre la memoria.

 

-”Qué es a lo que más le temes?” Le pregunta el analista de Cave en una sesión de terapia, y Cave contesta:

-“Hmm… Mi mayor miedo, supongo, es perder mi memoria. Me preocupa a veces que no vaya a ser capaz de seguir haciendo lo que hago y alcanzar un lugar con el que estoy satisfecho”

-”¿En qué sentido?”

-”Porque la memoria es lo que somos, creo que tu alma y tu razón de estar vivos está arraigada en la memoria. Quiero decir, creo que durante mucho tiempo he estado construyendo una especie de mundo a través de la escritura de canciones. Es una clase de mundo que se crea sobre la base de esos preciados recuerdos que definen nuestras vidas.”

 

El mayor miedo de Cave es lo que le pasó a Collins en febrero del 2005 cuando sufrió dos hemorragias cerebrales que terminaron en una operación, período de coma y lenta recuperación de la memoria y el habla. Sufrió parálisis total del lado derecho, ya no puede tocar por sí solo la guitarra, aunque Grace lo ayuda a rasgar, tiene problemas para caminar, usa bastón y la afasia dificulta la pronunciación, hace que tartamudee y le conlleva severos problemas con los números y el pensamiento matemático. Collins también hace terapia, pero con un neurólogo, tuvo que aprender a escribir con la mano izquierda y recuperó sus dotes de ilustrador, tal cual había estudiado, a fuerza de dibujar aves, siguiendo la sugerencia de Grace, que lo notaba frustrado porque dibujaba repetidamente la figura de un hombre con parálisis, su propia figura. “Creo que mi recuperación real comenzó con mi primer dibujo de pájaros” dice Collins en su propia web.

 



Sin embargo, una solución al miedo de Cave, bien podría dársela Collins que siguió sacando discos y produciendo a otros artistas (el maravilloso disco Seven dials de su amigo íntimo Roddy Frame, ex Aztec Camera; por ejemplo) y que pareciera resumir, con la sencillez emocionante de sus letras que lo importante It's in your heart, Not in your mind, It's not in your mind.

A partir de la memoria se establece una idea de hogar “I’m Home again” canta Collins en el disco casi homónimo de 2007. Un verdadero punto de hogar fue volver a visitar el estudio West Health, fue la música y su ambiente el detonante necesario para un momento de recuperación acelerada en la terapia de Collins, simultáneamente en 20000 días en la Tierra, vemos a Warren Ellis con un coro de niños franceses grabando, también en estudios. En los estudios reviven las letras, las de Cave, rigurosamente escritas a máquina, las de Collins, con una caligrafía casi inicial. Hombre-Máquina y Hombre-Niño. La maquinaria de Cave para conservar esas letras que tanto hablan sobre la memoria y sobre el proceso disociado de creación. Las letras de sus canciones suponen de cierta manera, una verdad. La metáfora de la verdad dicha por Cave al final del documental, tan sólo la reflexión de esa metáfora, hace que 20000 días sobre la Tierra sea una película perfecta. Una metáfora de la verdad como monstruo que se asoma por la superficie del océano y deja ver su cresta, en un atisbo deja ver su cresta de verdad para luego sumergirse de nuevo en las profundidades, quizá para siempre. De las profundidades renace Collins, repitiendo apenas las palabras The possibilities are endless, las posibilidades son infinitas. El agua también termina siendo un contenedor y un conductor eterno de verdades. Qué hubiese dicho Bachelard con semejantes monstruos, no?


Y las verdades no funcionan por sí solas porque tienen centinelas y tienen asistentes infaltables: Las mujeres, sus grandes amores. Grace es básicamente la exteriorización del yo perdido de Collins “Puedo recordar a Grace, mi mujer, ella está haciendo que todo sea mejor. Ella es mi vida” dice Collins. Y con “es mi vida” descubrimos que es literalmente su vida ya que lo ayuda en absolutamente todo. En cambio Suzie, la mujer de Cave es una musa, apenas la podemos ver en el documental, durmiendo al principio de la jornada, soñando con algo que no podemos imaginar. Luego la volvemos a ver en una foto, proyectada mientras Cave la compara con Marilyn Monroe, Anita Ekberg y miles de símbolos sexuales más, en una secuencia imperdible, casi de lo mejor que tiene la película. Suzie es la madre de sus hijos mellizos, Arthur y Earl. A Arthur, quien murió en julio de este año en un episodio de alucinación por LSD cayendo desde un barranco, se lo ve comiendo pizzas abrazado al padre. Si para Cave lo más importante de su vida es la memoria y la memoria está hecha de letras que guardan cada momento y Suzie es la musa que inspira gran parte de esas letras, entonces también para Cave, Suzie es su vida, aunque quizá es una versión del amor más icónica y no tan iconoclasta como la de Collins.

20000 días en la Tierra y Las posibilidades son infinitas plantean la apertura de lenguajes poéticos, narran no necesariamente vidas, sino formas de vidas, las vidas de dos artistas únicos, irremplazables y eternos por el solo hecho de habernos regalado verdad. Y sólo las personas generosas pueden regalar verdades.