RESEÑA

Productividad de lo ruptural en un narrador excepcional

En la reedición de 222 patitos y otros cuentos, Federico Falco reconstruye la atmósfera de un pueblo de provincia, sin caer en el costumbrismo ni en el regionalismo, con un estilo clásico y al mismo tiempo ruptural en la forma de contar historias.


Por Daniel Fara

 



222 patitos y otros cuentos,
Federico Falco.
Bs. As., Eterna Cadencia, 2014

 

 

En "Ada", tal vez el cuento más significativo de esta colección, una jovencita capitalina que se pasa el tiempo leyendo -lee de todo pero prefiere las historias dickensianas que ya sea por desventuras de los personajes como por los finales compensatorios que estos merecen, hacen llorar al lector- se pone de novia con Elvio, natural de General Cabrera, un pueblito en la llanura de Córdoba. El padre de Elvio fue intendente del lugar y su hijo pasará a sucederlo. Ada se ha visto muy atraída por Elvio y una de las causas responde a las largas cartas que el muchacho le envía contándole cosas sobre Cabrera, que ella considera maravillosas y que pasan a ser su material de lectura preferido. Un día él le propone matrimonio, se casan y se van a vivir al pueblo cordobés: "...era como él me lo había contado pero no como yo lo había leído" comentará Ada al poco tiempo, caída en la decepción. No ve nada atractivo en ese puñadito de casas desperdigadas en un paisaje plano y monótono. Tampoco llega a trabar relaciones de amistad con ningún poblador, sea por su propio retraimiento como por el de los otros ante el hecho de que ella sea la esposa del intendente. Ada quiere mucho a Elvio pero no le oculta su decepción, sin embargo cada vez que le pregunta por qué no se van a vivir a otro lado, él, sin enojarse, la lleva a recorrer el lugar y vuelve a referirse a cada una de las cosas y las personas de Cabrera como provistas de magia y belleza para que ella también trate de verlas así. La vida va pasando pero no cambia la visión desencantada de la mujer que ahora tiene ya tres hijos para criar, que crecen y se arraigan en Cabrera con el mismo entusiasmo que su padre. Un día, Elvio muere, serenamente, y a pesar de que sus hijos se quedan en Córdoba, Ada vuelve a Buenos Aires. Podría decirse que vuelve, antes que nada, para leer cosas apasionantes, pero éstas ya no son, para ella, las novelas sentimentales sino las biografías de todo tipo.

Tal vez no sea del todo erróneo pensar que este magnífico cuento sintetiza la posición a la que Federico Falco aspira como narrador, posición que se define esencialmente por la relación entre Ada, con sus vaivenes de lectura y ese lector implícito  que todo escritor presenta en sus creaciones, ya sea que lo desee o que le tema. Con esto, el autor se coloca en una posición que no se diría metaliteraria pero sí autorreflexiva y crítica con relación a muchos aspectos de la tradición narrativa que no comparte, que encuentra agotados, que aspira a modificar. Casi de más está decir que ese objetivo ruptural se cumple en la mayoría de los textos.

Para continuar con "Ada" como ejemplo, es muy destacable que no se incurra en los rasgos típicos del costrumbrismo y el regionalismo y que en vez de eso Cabrera (toda una creación en tanto se trata de un pueblo que no reniega de ser llano en una provincia famosa por sus sierras ni pone como prioridad la dedicación turística cordobesa) se defina a partir de las posiciones opuestas que Elvio y su esposa asumen frente al lugar. Esto como cuestionamiento a la idea tardorromántica del medio imponiéndose a los personajes, todo un leitmotiv de los textos ambientados en lo que llamamos "interior" del país. El que se presenten caracteres liberados por el autor de toda función estereotípica amplía enormemente las posibilidades de un subgénero que Falco no pretende destruir sino transformar y llevar más allá de los condicionamientos retóricos.

Marcas análogas de voluntad ruptural, renovadora, se verifican en otros cuentos que transcurren en Cabrera. "El pelo de la virgen", por caso, texto en el que se produce todo un extrañamiento con relación a la mezcla caótica de amor y erotismo en un preadolescente y, asimismo, en cuanto al peculiar sentimiento religioso que experimenta el personaje. 

A veces la ruptura alcanza niveles muy altos de crueldad ("Historia del Ave Fénix"). En este cuento, esa crueldad equivale a la exasperación de otro tema trillado: el del forastero mercachifle que viene a engañar a los pueblerinos. El habitual tono socarrón y picaresco que suele sostener a este tipo de relatos, es reemplazado por cierta engañosa objetividad en la referencia a los hechos -una suerte de omisión de elementos humorísticos- que acentúa más (en tanto permite al lector enfrentar al texto sin intermediaciones) el horror del final.

Esa especie de sequedad discursiva, de falta de explicaciones, que se da aun en los narradores en primera persona, sumada a las muchas omisiones,  es, desde ya, un modo de integrar al lector a la construcción del sentido de los textos. 

No todos los cuentos de 222 patitos y otros cuentos  −reeditado ahora por  Eterna cadencia–, aluden a hechos acurridos en General Cabrera. Además de eso, se trata de textos escritos a lo largo de un período bastante extenso. No obstante desde los más antiguos a los más recientes aparece esa voluntad de renovación unida al ejercicio de una eficaz sobriedad expresiva y, algo que aún no habíamos señalado, la sabia y honesta omisión  de anzuelos, ajenos a la historia que se cuenta, destinados a captar la atención del lector y a la vez condenados a provocar decepción desde su carácter de promesas no cumplidas.

De lo dicho aquí podría pensarse que, por su autorreflexividad y su enfrentamiento con fórmulas gastadas, Federico Falco aspira a ser un escritor para escritores. No es así para nada, sus narraciones están dirigidas y atraen a un amplio espectro de lectores, lo que no obsta para que también se detecte en ellos un guiño a los críticos. Es de esperar que estos capten la señal, presten atención a las novedades introducidas y celebren y difundan la aparición de un cuentista, que ya ha publicado obras meritorias y que se presenta como capaz de redefinir en nuestro país el concepto de narración breve.