RESEÑA



Degenerados


Por Horacio Mohando
@LadraquePerro

 

Mi ángel tiene alas negras
Elliott Chaze
La Bestia Equilátera, 2013

 

La mala costumbre de intentar encajar una novela en determinado género está asociada no tanto al pecado de la pereza sino más bien al de la codicia. Una ambición desmedida en tratar de lograr que una obra ocupe un espacio que la mayoría de las veces es demasiado estrecho. La parte virtuosa, y por lo tanto imposible de todo este asunto, está en el deseo apenas consciente de descubrir la arquitectura de la genialidad, las trampas y claves ocultas que lograron que una pila de doscientas páginas llenas de palabras se convierta en literatura. 

En Mi ángel tiene alas negras, Tim Sunblade es un ex-convicto que planea asaltar un camión de caudales. Se cruza con Virginia, una femme fatale que hará exactamente aquello que se espera de este tipo de mujeres. Hay policías de puño fácil, alguna que otra muerte. Está la traición y una oscuridad poco habitual que se va desenrollando no sobre las noches de una ciudad lluviosa, sino durante el día, en espacios abiertos, con árboles y rutas filosas sobre el costado de las montañas, sobre las calles de ese suburbio norteamericano que de tanto sol ya no puede disimular ni sus miserias ni su desencanto.  

Parece una obviedad decir que para descubrir las maravillas del libro de Elliott Chaze solo hay que leerlo. Para qué sino escribir una reseña, con qué intención se decora o impregna un texto con espíritus de carácter analítico, ocultando en una premeditada impersonalidad el propósito de convencer, de funcionar como invitación o llamado. En todo caso, por el respeto que se merece el corpus de la crítica literaria, como argumento único se dirá que en cada párrafo de Mi ángel tiene alas negras queda evidencia contundente de que un buen escritor es aquel que sabe que el adjetivo correcto es aquel que además de aproximarse a la exactitud descriptiva es, sin fisura, funcional al relato, sin renegar por ello a la belleza en cualquiera de sus formas. Como así también las metáforas y las comparaciones, que se suman el trabajo de terminar el dibujo que el resto de las palabras han decidido elidir. 

Pero se debe ser fiel también a la pasión que despiertan ciertos libros. Dar un salto o tratar de dar un paso más. Afirmar, por ejemplo, que la verdadera novela negra es aquella que nos provoca una inmensa tristeza cuando se termina, cuando se toma conciencia de que se acaba de morir ese momento sagrado e irrepetible donde se la leyó por primera vez.