RESEÑA

La invención de la verdad

Por Maru Leonhard

 

Un secreto familiar desenterrado mediante el formato del documental, una novela sobre el arte de escribir la historia íntima de una tragedia familiar y sus consecuencias. ¿Qué es lo que causa tanta fascinación de estas exploraciones autobiográficas? Manipulación de la verdad y sentido en las autoficciones que consumimos.   

 

 

Si no captas la pequeña vena de la locura de alguien, no puedes amarlo. Si no captas su punto de demencia, has perdido la ocasión. El punto de demencia de alguien es la fuente de su encanto.

Gilles Deleuze

 

Si fuera una ficción cualquiera no le pediríamos mucho más. Podríamos quedarnos con la relación entre una abuela y un nieto que casi no se conocen. Nos conformaríamos con eso, con poco, con nada. Si no sucediera mucho durante una hora y media algunos incluso convertirían la película en una de culto. Pero no es el caso. A family affair (Tom Fassaert, 2015) es un relato familiar contado en primera persona por el director de la película, que sale con su cámara a buscar a su abuela, una ex modelo que vive en Sudáfrica y casi no tiene contacto con su propia familia.

Esperamos más. Todo el tiempo esperamos más. Sabiendo que es una historia real, que esos personajes no existen en la cabeza de alguien sino que están inmersos en nuestro mismo mundo, esperamos más. Esperamos algo truculento: abusos, drogas, traiciones, muertes injustas. Esperamos que suceda algo más porque si no ¿para qué un tipo haría un documental sobre eso? Esperamos un drama verdadero.

Tom Fassaert mira videos familiares de su infancia. Mira fotos de su abuela modelo. La entrevista a ella (más que entrevistarla, en realidad, se instala con ella, se inmiscuye en cada detalle de su vida), a su padre, a su tío. Intenta descubrir qué fue lo que pasó para que ahora su abuela viva en Sudáfrica, para que su tío tenga uno o varios o demasiados desajustes mentales, para que su padre llore como un niño cuando habla de la fallida relación con su madre. Los espectadores, mientras tanto, mientras se suceden las apostillas de relaciones truncas entre unos y otros, esperamos. Queremos que explote. Queremos descubrir que la abuela abusaba de ellos, que la abuela estuvo a punto de matarlos, que los abandonó en la calle porque la cansaron. La pequeña vena de la locura de la abuela de Tom Fassaert radica, sencillamente, en su egoísmo. Nunca le interesó nada ni nadie más que ella. De todos los golpes que esperábamos, éste era el más impensado y sin embargo es el más contundente. El más honesto: es la verdad.

 

¿Por qué resulta fascinante e hipnótico un relato autobiográfico? Justamente, porque nos da la aparente sensación de verdad. Pero no existe la verdad. Existen tantas versiones como personas cuenten un mismo hecho. No existe algo externo, único e indiscutible, que pueda ser considerado la verdad, más allá de los hechos empíricos. Y sin embargo, ahí estamos creyéndonos todo.

No necesitas inventar nada. Tu vida, tu persona, tu mirada sobre el mundo deben ser tu único material. La intriga es una trampa, un anzuelo, crees que ofrece un refugio o un pilar, pero es falso. La intriga no te protege de nada, no tardará en escurrirse bajo tus pies o en caerte encima de tu cabeza.

La que habla es L., coprotagonista de Basada en hechos reales, la última novela de Delphine de Vigan. En 2011 publicó Nada se opone a la noche, novela que repasa la historia familiar. La escribió luego de que su madre se suicidara. Y en un punto trata de dilucidar el camino por el que su madre terminó tomando esa decisión. Se convirtió en un best seller y recién ahora, cinco años más tarde, Delphine de Vigan vuelve a publicar.

 En Basada en hechos reales la protagonista se llama Delphine. Es escritora. Escribió una novela autobiográfica que se convirtió en un best seller y luego de esa novela no pudo escribir más. Las coincidencias entre la protagonista y la autora son tantas y tan evidentes que no hay que leer más de una página para situarse en que ésta también será una novela autobiográfica. ¿Lo es?

Escribe un libro. Demuéstrale que no tienes miedo. Demuéstrale que eres libre, que la literatura tiene todos los derechos. Escribe sobre tu infancia, escribe sobre tu familia, escribe sobre ti misma, investiga. Sólo la escritura te permitirá descubrir quién es. Has empezado algo que debes acabar.

Lo que empieza con una protagonista que siente que ya no puede escribir más y la relación que entabla con su amiga L., poco a poco se convierte en un thriller al mejor estilo Misery. Nos identificamos con L., con todos sus discursos sobre lo verdadero, sobre los escritores que no necesitan nada más que su vida, sobre lo intercambiables que pueden ser los argumentos de un libro a otro o de una película a otra y lo diferente que resulta cuando lo narrado es lo que le pasó al autor. Pero más tarde, la identificación con L. se vuelve terrorífica: no queremos ser L. No queremos ser el lector (el espectador) que sólo espera la verdad. No queremos ser el martillo que golpea la cabeza de los autores. No entendemos, hasta que vemos la progresiva locura de Delphine, lo que significa para un autor hablar de sí mismo.

Escribir (filmar) sobre uno mismo es filtrar, elegir, editar. Omitir es otra forma de mentir. Escribir, hacer una película, escribir una canción, pintar un cuadro: todo es una mentira, un disfraz de la realidad, una forma de enfrentar el mundo que nos rodea. Pero no es el mundo que nos rodea, es una mínima porción, es una mirada de, y es algo que deberíamos tener presente.

La sensación cuando termina la película de Tom Fassaert es de un profundo desconsuelo. El desamor está ahí, las decisiones de vida pueden terminar construyendo una vida que no es la que queríamos, y abandonar esa vida trae consecuencias devastadoras: niños huérfanos, abuelas solas. En cambio, la sensación al cerrar Basada en hechos reales, es de una culpa enorme: hasta dónde podemos llegar esperando más de los autores.

 Cuando leí la frase que cito al comienzo, incrustada en uno de los capítulos de Basada en hechos reales, enseguida pensé que ahí estaba la clave. La clave de por qué los relatos autobiográficos nos interesan tanto, nos resultan tan fascinantes y cautivadores. No es la verdad, no es la realidad, no es las cosas como son: es la pequeña vena de la locura. Y esa pequeña vena no es más que eso: una vena dentro de un sistema que recorre un cuerpo. No es más que un recorte, una parte, un fragmento de una vida, de un hecho, de un evento ordinario. No es otra cosa que la aparente capacidad de controlarlo todo cuando en realidad, el todo es inabarcable.