ENSAYO

Bret Easton Ellis, ensimismado 

Repasamos la obra del escritor norteamericano que, en los años 90, logró erigirse como la voz de una generación de  jóvenes ricos, cosmopolitas y desalmados, que bien podrían ser su propia caricatura.

 

Por Martín Doria 

 

El tipo no tenía detrás ninguna Gran Guerra como Scott Fitzgerald la Primera o Salinger la Segunda; era un college boy de clase media alta americana y se despachó a los veinte años con Menos que Cero, una novela que en apariencia no iba de mucho más que de las dos semanas de vacaciones de un pibe de guita que regresaba a su casa de Los Ángeles; la cosa explotó en las tiendas como Best Seller y también en la cabeza de muchos que creyeron que alguien por fin hablaba de ellos, la alegre muchachada de los 80. La voz de una generación.

Algo había por cierto, porque pulularon por todas partes escritores que lo hacían à la B.E.E. A Latinoamérica llegó con retraso su influencia, en esas espinosas traducciones ibéricas de Anagrama, y fue más en los 90 cuando florecieron los textos de aquellos díscolos muchachos de la ola McOndo, trasladando de forma incómoda la transgresión aburrida y decadente del primer mundo a nuestros adolescentes urbanos de clase media forzada, hijos de la dictadura o de la narcoburguesía (según el origen de la pluma), que necesitaban separarse del tufo a ruralismo mágico de aquella generación previa y su Baby-Boom planetario. 

Para entonces −los 90 − el tipo (el pibe escritor) ya tenía millones, relativa fama, una segunda novela (Las leyes de la atracción, otro diálogo de niños ricos y sordos) y publicaba una tercera con el brazo de un jonronero estrella. American Psycho (esa historia tan común hoy del asesino serial y su psicología enferma) escandalizaba tanto como vendía. B.E.Ellis agobiaba con referencias a la cultura de la época pero ya era insostenible erigir al escritor en vocero de una generación. Sus personajes crecieron y tornaron yuppies desalmados, obsesivos, adictos, sexualmente ambiguos y finalmente psicóticos. 

El pibe escritor creció y se volvió una estrella odiada, revulsiva y por la misma razón, fascinante. Empezábamos a atar los primeros cabos, a revelar con polvo y cepillo las huellas de un escritor que quiere convertirse en personaje. Fue primero algo hacia afuera: el autor mismo en sus apariciones públicas y entrevistas era sarcástico y despectivo, presumía de su éxito comercial, jugaba todavía a la ambigüedad sexual; en definitiva, un niño malcriado desde ambos extremos por la crítica y el emporio editorial de turno.

Empezó a mostrar la hilacha con Los Confidentes (libro de relatos que ahondan aún más en la incomunicación de jóvenes con sus padres y/o el entorno de high class) y se fue a la mierda con Glamourama, un libraco demencial, sólo soportable por un adicto a E Entertainment o TMZ, con modelos terroristas y atiborrado de nombres de celebridades gringas.

El nuevo siglo trae al personaje escritor más fama, más dinero, más adaptaciones al cine y un bullicioso retiro que termina en el 2005 con Lunar Park, acaso el libro menos suyo (estilísticamente hablando) pero en el que por fin descorre su maquillaje para revelarnos que el asesino es él mismo. Autorreferencial con licencias dramáticas, la novela adopta los recursos de Stephen King para narrarnos la historia de terror que le sucede a… Bret Easton Ellis. Personaje por fin. Fuera de los libros, dentro de ellos. Curiosamente ese despegue del propio estilo produce un salto de calidad y calidez inédito en toda su obra anterior.

En las entrevistas, el tipo (el escritor entrando en su madurez) parece menos exaltado y más desconfiado, incluso autocomplaciente. Avisa que se trae algo bueno entre manos: la secuela de Menos que Cero. Y los que aún tenían una esperanza de volver a aquella primera emoción, empezaron a desconfiar.

En 2010 regresa a las cámaras de televisión y a los micrófonos para anunciar Suites Imperiales, la esperada continuación. Está irascible, aburrido de todos y de su mismo personaje, tiene cara de agotado. Y el librito es eso también, una novelita que habla más de B.E.Ellis que de Clay el protagonista de Menos…, una pretendida, fallida historia noir sobre un millonario famoso y hastiado, claramente homosexual y ególatra.

Y todos tuvieron que convencerse. 

Pensaron que hablaba de una generación y al final hablaba de sí mismo.