RESEÑA

Delicado equilibrio

Distancia de rescate, primera novela de Samanta Schweblin, combina elementos del suspenso y el fantástico, en una suerte de realismo extrañado, donde el peligro siempre está latente y puede romper el delicado equilibrio de la vida.


Por Lucas Ledesma
 




Distancia de rescate, Samanta Schweblin
Ed. Mondadori, 2014


Samanta Schweblin incursiona final y felizmente en el género novelesco con la publicación de Distancia de rescate. Luego de haber demostrado su potencia narrativa en los cuentos de El núcleo del disturbio (2002), premio Fondo Nacional de las Artes, y Pájaros en la boca  (2009), que recibió el premio Casa de las Américas, Schweblin despliega todo tipo de recursos para mantener la tensión narrativa de sus historias. Y su estilo no sufrió ninguna alteración en la transición del cuento a la novela, por el contrario, parece consolidar aquellos elementos que ya estaban presentes en su obra. Curiosamente, Distancia de rescate empezó como un cuento que, a medida que iba avanzando el relato, demandó una extensión mayor, según palabras de la autora. Y su primera novela, que por la extensión podría considerarse una nouvelle, viene a confirmar una suerte de realismo extrañado que combina elementos del suspenso y del fantástico, para renovar la vigencia de su universo ficcional.

La trama se construye, desde el principio, sobre la base de la superposición de tiempos y de voces narrativas que avanzan lentamente, como un mecanismo de relojería literaria compuesto de hechos y detalles precisos. Carla y David, madre e hijo, cuentan de manera simultánea una desgracia que ya sucedió y la inminencia de otra que está por producirse. Si pensamos en una tradición del género fantástico argentino que construye una atmósfera realista donde aparece, sutilmente, lo extraño, no es casual que la irrupción de lo siniestro, lo desconocido, en la novela de Schweblin surja en un entorno apacible y doméstico durante las vacaciones de una familia en el campo. Distancia de rescate, sin ser estrictamente una novela fantástica, utiliza ciertos elementos que caracterizaron a la narrativa de Cortázar, Bioy Casares y Silvina Ocampo, para reformular su propio concepto del misterio: el peligro siempre está latente, como una inminencia que se difiere hasta el final, en un ambiente que puede volverse hostil y romper el delicado equilibrio de la vida. “La tensión no es sólo una característica del policial, o del terror. Es un pacto de atención entre el texto y el lector”, afirma Schweblin en una entrevista reciente. Y en su primera novela le hace honor a ese pacto. 

La historia comienza a revelarse cuando Carla decide contarle a Amanda, la narradora, el incidente que sufrió su hijo, David, que lo cambió para siempre y lo transformó “en un monstruo”: «Era mío, ya no. (…) Ya no me pertenece.» Mientras Carla reconstruye el origen de esa transformación, el propio David mantiene un diálogo a distancia con Amanda, como una voz en off personalizada, a quien la obliga a estar atenta a todos los detalles del presente con el objetivo de evitar la amenaza de lo que pueda ocurrir en el futuro. “Pero voy a morirme en pocas horas, va a pasar eso, ¿no?” pregunta ella. “Nada de esto es importante. Estamos perdiendo el tiempo. (…) El punto exacto está en un detalle, hay que ser observador” sentencia la voz de David. Si el relato de Carla es una reconstrucción de lo que pasó, los interrogantes que le plantea David operan como una advertencia de lo que sucederá. La tensión narrativa se produce en torno a los detalles de un relato y otro, mientras el lector va interiorizándose en los hechos al mismo tiempo que la narradora. Así, el lector y el narrador van armando ese rompecabezas singular que nos ofrece la trama: un juego de ocultamiento, rodeos y digresiones. En Distancia de rescate los personajes saben más que el lector, excepto su narradora, quien debe evitar exponerse y exponer a su hija, Nina, a una situación de peligro, cuando la amenaza está presente en todos lados, y la lógica de la tragedia indica que la desgracia es inevitable. Justamente, la «distancia de rescate» es ese margen mínimo que le permite a Amanda  mantener a salvo a su propia hija de los otros o de lo otro. “Yo siempre pienso en el peor de los casos” dice la narradora. “Ahora mismo estoy calculando cuánto tardaría en salir corriendo del coche y llegar hasta Nina si ella corriera de pronto hasta la pileta y se tirara. Lo llamo «distancia de rescate», así llamo a esa distancia variable que me separa de mi hija y me paso la mitad del día calculándola, aunque siempre arriesgo más de lo que debería.” La tensión narrativa gira en torno a que el origen del disturbio es impredecible. El temperamento volátil y extraño de Carla la convierte en una amenaza, pero también el comportamiento de David, ese pequeño monstruo autómata que guía a la narradora hasta el descubrimiento de la verdad: “Yo intento ser tan claro como me es posible, Amanda” dice él. “No es verdad. Me falta la información más importante” responde ella.

Y lo que sabemos es que  una intoxicación grave que sufre uno de los personajes al beber agua de un arroyo contaminado pone en riesgo su vida.  El procedimiento para evitar su muerte es lo que introduce el elemento fantástico en la trama, y que sólo es posible aceptar su verosimilitud en relación con la lógica propia del relato: una curandera podrá salvarle la vida haciendo migrar su alma hacia otro cuerpo. Pero ya no volverá a ser la misma persona. Lo que se narra, entonces, es la peripecia de los personajes por mantener a salvo el círculo familiar, mientras el lector y la narradora intentan descubrir, con los pequeños detalles que se ponen en juego, el  punto exacto en que se puede desatar la desgracia y quién sufririría las consecuencias. Schwebling logra tensar el hilo del relato al máximo (en una historia breve) cuando los personajes parecen actuar bajo el impulso de fuerzas extrañas que no logran dominar. Tal vez en eso consiste el relato de las ficciones paranoicas: en narrar la angustia de no poder anticipar ni cómo ni cuándo ni de quién proviene la mayor amenaza del presente.