POESÍA

Diario para nadie (adelanto)

De Víctor López Zumelzu

 

Presentamos algunos fragmentos de Diario para nadie, libro inédito del poeta chileno Víctor López Zumelzu, que este año publicará Alquimia Ediciones. Registro íntimo de materiales diversos que asedian los pliegues de una escritura urdida por reflexiones nimias, lecturas, poesía, viñetas filosóficas o anecdotarios, se presenta también como plan de acción para detectar todo aquello que no sea literatura deseable, como un manual de instrucciones para escritores del futuro.

 

Imágenes de Andrés Lima



Me propuse escribir un diario como una unidad que representa un solo momento del tiempo, un solo momento en la mente; sus contenidos van a ser todos los pensamientos. Pensé en las partículas, en impresiones, en impulsos -todos los diversos, particulares y contradictorios elementos- que se incluyen en una mente activa y emocional en un momento dado. Por ahora, para el escritor, el poema es una mente.

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Beber café y escribir. No pensar en la verdad y sus desilusiones sino en su íntima correspondencia, esto significa: tengo tiempo esta noche de sentir los cuerpos alrededor mío y tocar por un breve instante sus correspondientes sombras en movimiento.

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Una anécdota poco conocida sobre Faulkner relata que una noche de primavera invitó a una mujer que lo acompañara en su automóvil, para ver una novia vestida con el más maravilloso vestido de novia. Para ello atravesaron Mississippi por caminos secundarios y, finalmente, a través de un prado, apagando las luces delanteras avanzaron en la oscuridad. Al fin cuando llegaron estaciono el coche en un alto y le dijo a su compañera que la novia estaba delante de ellos. Entonces encendió las luces del auto que proyectaron su brillo encima de un hermoso manzano en flor.

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Hay un pequeño parque al lado de mi casa en San Telmo. No es un parque muy bello (en este parque hay borrachos, linyeras, drogadictos), pero es el parque que está al lado de mi casa, y siempre que me siento un poco decaído por el teatro de lo cotidiano, por la inmanencia gris de los días, voy a él. En aquel parque también hay niños jugando junto a sus padres, los veo corriendo, vociferando, riendo, llorando y pienso en sus expresiones nuevas, distintas, diferentes, las expresiones convencionales siempre me han irritado y oscurecido. Ver niños en aquel parque de a poco se ha vuelto parte de mi secreta rutina, escuchar sus palabras tan distintas de las mías, palabras aun no constituidas, desbocadas, sin sentido. El lenguaje de los niños es bello en sí, en cambio mis palabras son piedras de la lengua, pienso, palabras sin “magia” (como diría Benjamin en su famosos ensayo sobre los juguetes), locuciones idiomáticas incuestionadas que se han vuelto ley. Me gustaría escribir en su lenguaje y jugar con las palabras como ellos, escribir como una manera de desjerarquizar todo, eliminar los clichés, los sentimientos aceptados por el cuerpo. Hace tiempo me siento en una relación poética y fantasmagórica con los niños. Cuando los veo me gustaría tanto saber cómo yo mismo aprendí mi lengua. Mi lenguaje que ordena, clasifica, discrimina; la lengua de los niños no, cuando los veo jugando pienso que nosotros somos dictados por la lengua, y al ser dictados por la lengua nos privamos de algo descontrolado que aún tienen los niños, nos privamos de nosotros mismo. No estoy para anatematizar la lengua. Esta es indispensable, a veces, para hacer un progreso o un acercamiento; pero controlada me parece falsa. Me reduzco a mis palabras como en un auxilio peligroso. Todo lo que he aprendido es una prótesis para poder tocar el mundo. Sin embargo todo en el lenguaje de los niños es aéreo, despegado, imposible de atrapar y por ellos más verdadero. Me quedo en este parque a veces horas, este parque y sus linyeras, borrachos y niños, este pequeño parque es un lugar de relaciones, relaciones de colores y de lenguas, de especies juntas; entre el idioma vegetal y el de los humanos está el de los niños. 

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Cuando Schopenhauer estaba triste citaba mucho una frase de Spinoza: Si una piedra lanzada por los aires adquiriera súbitamente conciencia, ella imaginaría que está volando libremente.

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Este hilo de araña, esta sombra de la mente, esta respiración, este sexo, este pequeño sueño, este libro, esta circunferencia, este marco de pensamiento, este sistema de raíces, esta saliva, esta hoja de avión, este número, esta corriente, este pensamiento que se llama a sí mismo, este hábito, este mecanismo, esta obra, esta casa fantasma, este vecino, este puerto, esta mano, esta topografía, este raspado desesperado, este lenguaje, esta luz fractal, este segundo irrepetible en el tiempo.

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La novela es un arte en decadencia. La novela es todo lo contrario del libro. Los ejercicios de escritura para novelista pasan muchas veces por el control de lo que se escribe, creando espacios de sentido por donde los personajes deben transitar en función de lo que necesite ser contado. El escritor de libro, en cambio, permite que la escritura domine por sobre el relato, si se activa una historia va a ser por el simple hecho del movimiento continuo y sinsentido del flujo libido de la escritura. El novelista asesina el concepto de libro, la mayoría de las veces son ignorantes del ritmo y la respiración, el novelista muchas veces no tiene boca y menos oídos. A diferencia del escritor de libros, que debe escuchar a la página y las reverberaciones de su blancura y su silencio. El verdadero escritor no es un creador, es un oyente, es sensible a la oralidad del libro, a su libertad como lengua ininterrumpida, para dejar correr el vacío y el silencio que se esconden dentro de ella, a su rechazo de cierre y termino, y, sobre todo, a lo olvidado, a lo ausente, a lo insepulto, al libro invisible que todo libro alberga.

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Si soy un poeta, debo ser cuidadoso. No debo caer en la trampa de creer que mi pasión, por sí misma, es escritura.

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Lo que único que tenía claro Kafka es que no existe nada claro o sencillo. Uno siempre puede mal interpretar el más mínimo gesto, ya que todo lo que nos rodea posee múltiples lecturas. En su lecho de muerte, habló sobre un jarrón de flores diciendo que era como él: a la vez vivo y muerto. Todas las demarcaciones del lenguaje aquí son borrosas. Algunos poderosos conjuntos de sentidos no cooperan sino que luchan. Ellos vuelcan el equilibrio de todos contra nuestras certezas. Kafka dijo creer fácilmente cualquier verdad y su falsedad al mismo tiempo.

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Al terminar un poema debería conseguirse que las puras palabras puedan ocupar el lugar de las cosas.

 

 

Víctor López Zumelzu (Curacaví, Chile, 1982). Ha publicado Los surfistas (Ediciones VOX, 2006; Premio Hispanoamericano de Poesía 2005 de revista VOX, Amigos de lo ajeno y Álbum del universo bakterial); Anleitung, um sich in der Stadt zu vertieren (Lanzallamas Libros/Latinale, 2009); Guía para perderse en la ciudad (Ripio Ediciones, 2010; Ediciones VOX, 2012; Ediciones Liliputienses, 2014; Premio Municipal de Poesía 2011);  Erosión (Alquimia Ediciones, 2014) y Mi hermano (Ediciones Vox,2015). En el año 2006, fue becario de la Fundación Pablo Neruda. Sus textos han sido traducidos al portugués (Marília Garcia), al inglés (Brian Holmquest) y al alemán (Rike Bolte).