ESEÑA


Volver al futuro

Por Germán Lerzo

 

Los artículos reunidos en Europa abarcan un espectro temático que da cuenta de los intereses y preocupaciones del escritor Carlos Godoy en torno al presente, a partir del cual formula una idea del futuro. La política, la cultura, la tecnología y el colonialismo interplanetario son la punta del iceberg de la época contemporánea que describe con lúcida brevedad. Ofrecemos aquí una reseña más un capítulo del libro.

 

Europa 
Carlos Godoy
Editorial Triana, 2017

 

La editorial Triana acaba de publicar Europa, una recopilación de ensayos y artículos periodísticos que el escritor Carlos Godoy había publicado previamente en diferentes revistas y suplementos culturales. En estos textos reunidos asistimos a una mirada particular de la sociedad contemporánea que funciona como indicio del futuro, aunque el futuro, nos dirá Godoy desde el principio, “sea un concepto difuso” porque en la actualidad no se puede predecir más allá de un día.  Al mismo tiempo, esos temas del presente revelan la materia de la que se nutre la imaginación de un escritor: Cyborgs, androides, inteligencia artificial, manipulación genética, colonias interplanetarias, redes sociales, deep web y realidad virtual forman parte del rompecabezas que arma para descifrar el presente. El autor de La construcción (Momofuku, 2014) construye aquí un panorama del mundo actual con datos e información que combina de manera acertada. Ahí están la teoría fractal de Benoit Mandelbrot, las investigaciones sobre comunicación y redes sociales de Dolors Reig, las ideas de Marshall McLuhan sobre los mass media, los descubrimientos científicos de Alan Turing, los postulados de Isaac Asimov, la mano invisible del mercado de Adam Smith y diversas teorías sociales sobre la clase media, junto con los productos audiovisuales de Hollywood, la única gran fábrica de relatos del presente, según el autor, tales como Black Mirror, Lost, Blade Runner, Odisea en el espacio, Inteligencia artificial o Her en los que se problematiza una relación posible o imposible entre el hombre y la máquina, su propio invento.

Europa se estructura en cuatro capítulos: Estado, Crítica, Color, Colonia. En cada uno de ellos Godoy se detiene en diferentes núcleos temáticos que bien podrían llamarse Política, Cultura, Tecnología y Colonialismo. El autor de Escolástica peronista ilustrada (Interzona, 2013) analiza formas de gobierno, corrientes estéticas, teorías económicas, formas de organización social y, sobre todo, los avances técnicos que modificaron la vida en el siglo XX, así como el modo de comunicación entre las personas durante el siglo XXI. Por eso la lectura de Europa sugiere que una idea del futuro tal vez esté elaborándose en una oficina de Google Inc., en un laboratorio donde se manipula la cadena de ADN, en una multinacional que desarrolla microchips capaces de almacenar enormes cantidades de información, en la posible conformación de Estados a través de las redes sociales o en los robots perfectos que pueden responder cuestionarios tal como lo haría un humano imperfecto. Constelaciones de sentido que convierten al presente en algo no muy lejano a las distopías literarias que alucinó la ciencia ficción del siglo pasado.  

Una marca de estilo atraviesa gran parte de los artículos: la sentencia breve que define y categoriza el objeto de análisis con una precisión por momentos caprichosa que pareciera eximir al autor de mayor desarrollo argumentativo. Este procedimiento, lejos de resultar un defecto, es suficiente para conceptualizar una idea o postularla. “El peronismo es una caja de herramientas que puede utilizarse para muchas cosas”; el kirchnerismo “centró su discurso en la problematización e intelectualización del Estado como regulador económico y constructor de sentido”, dice en el artículo «Peronismo». Y en «El dilema de la derecha modernista» sostiene que el menemismo representó “la apertura al mundo del consumo cultural” y el macrismo es el triunfo de la derecha modernista con una idea del Estado “más empresarial que asistencialista”. Todos esos partidos compartieron, según Godoy, el mismo desafío político: cómo domesticar a la clase media argentina. 

Neil Harbisson, el primer cyborg 
reconocido en el mundo.

En «El concepto de mímesis», donde describe la crisis de la representación artística a principios del siglo XX, dirá que “el arte del nuevo siglo debería acercarse a una idea de utilidad”, si presuponemos que hoy no lo tuviera. Al analizar la combinación humano-máquina de los cyborgs, como el inglés Neil Harbisson, en el artículo «Prótesis», se pregunta: “¿Cuál es la próxima prótesis? La prótesis sentimental. La necesidad más fuerte del humano como sujeto biológico y social.” Y de la crítica cultural dirá que “no sirve para analizar una obra en términos morfológicos, sino para analizar cuál es el discurso dominante de una determinada época.” 

En los ensayos donde suponemos que el espacio acotado de los medios gráficos no limitó el desarrollo de una hipótesis es donde prevalece un buen planteo argumental. De todos esos artículos podemos mencionar: «Breve historia de la destrucción», sobre la máquina desarrollada por Alan Turing para descifrar los mensajes secretos del ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial como puntapié inicial de la revolución tecnológica; el artículo «CRISPR o las bases bacterianas para editar el genoma» donde analiza los mecanismos actuales para editar y programar cadenas genéticas en animales y humanos; «La red social, la educación y los hemisferios cerebrales» donde afirma que la redes establecen un contrato en el cual el usuario entrega información personal a cambio de recibir un servicio gratuito de algoritmos de afinidad; y «El fin de la clase media y los nuevos modelos de mercado». Por último, cabe destacar el breve artículo final «El futuro de la especie II: Europa». Europa es el nombre con que la comunidad científica bautizó a la luna del planeta Júpiter. Esta luna blanca y rayada, afirma Godoy, representa la esperanza, la salvación y el futuro de la especie humana. Bajo su enorme capa de hielo, la existencia de corrientes de agua haría posible la colonización del hombre cuando el planeta Tierra se vuelva inhabitable, sin salir del sistema solar. Si en el siglo XIX los intelectuales argentinos fantaseaban con Europa, el viejo continente, como un modelo del futuro que soñaban para la Argentina, Carlos Godoy recupera en el siglo XXI ese gesto utópico y lo transforma en un sueño científico: Europa, la luna de Júpiter, es la esperanza de la civilización, ubicada a millones de años luz de la barbarie humana.

 

A continuación ofrecemos un brevísimo ensayo de Europa, que gentilmente nos cedió la Editorial Triana.

 

Foto de Jano Gabarain

 

La tecnología antes de destruirnos nos ofrecerá la salvación

El problema de la tecnología es su exponencialidad. En 1965, uno de los fundadores de Intel, el físico químico Gordon Earl Moore, dijo que el número de transistores por placa (factor que potencia así el rendimiento de la máquina) se duplicaría cada 2 años. En 1975, reformuló su ley y la redujo a 18 meses. En el 2007 proclamó, en una conferencia, que la ley había bajado a 12 meses, y no duraría más de 10 años porque se basaba en una tecnología que sería reemplazada por una mucho más potente. Si bien esta ley se basa en medir el fractal  en el que se expande la potencia del procesador de una computadora, no mide la variable de crecimiento de otros factores tecnológicos como la velocidad de banda ancha de Internet, ni la capacidad de almacenamiento, ni la disminución de los costos finales de un producto terminado, ni la disminución del valor económico del megabyte de información, que se duplican cada mucho menos de 1 año. Por esto el problema que tenemos con la tecnología es su incontrolable flujo de expansión. Esto se debe a una diversidad de factores económicos, pero específicamente a uno muy fuerte: sobre la tecnología recae el deseo de bienestar más fuerte de las sociedades modernas, o en proceso de modernización: la democracia. La tecnología es lo más democrático que tenemos. Pero este proceso en constante aceleración no es sólo una carrera hacia la acumulación y el descarte; en el medio, en cada desplazamiento, la sociedad, los ciudadanos, y las instituciones, van incorporando herramientas paradigmáticas para el desarrollo de técnicas, aprendizajes, productos y legislaciones. Mientras avanzamos hacia un horizonte de sucesos inestable y aparentemente nocivo, en un plano de digestión más lenta vamos construyendo nuevas relaciones con el entorno que nos permiten delinear circuitos de información más económicos. El concepto de libertad, que es la adaptación modernista del concepto de salvación, se encuentra en una relación cada vez más directa con el de acceso a información.