SOCIEDAD

Bolivia sigue cambiando

Evo Morales fue reelecto y gobernará hasta el 2020

 

El pasado 12 de Octubre, Evo Morales fue reelecto presidente con un triunfo arrollador. Nuestro cronista en Bolivia recogió el testimonio de escritores, sociólogos y políticos sobre cómo vivieron esta jornada histórica.

 

Por Alfredo Grieco y Bavio

Desde La Paz, Bolivia
 




Con una victoria avasalladora, con el 61% de las preferencias de seis millones de bolivianos habilitados para votar, el presidente Evo Morales ganó el domingo su reelección. Durante los cinco años de su nuevo mandato, liderará el Proceso de Cambio nacional y popular que desde 2005 viene haciendo de Bolivia, con su inflexión hoy socialista y desarrollista antes que etnocultural, uno de los Estados más viables del hemisferio. Un país que redujo la pobreza de 64% a 32% en el decenio 2002-2012 y que habrá crecido al fin del 2014 un 5,5%, más que ningún otro de Sudamérica.

La victoria cantada de Evo Morales, una lucha sin contendientes, parece haber convertido la jornada electoral del 12 de octubre en un domingo cualquiera en la ciudad de La Paz, aunque sin fútbol y con las calles tomadas por niños y niñas en bicicleta. Por lo menos eso parecen decirnos las voces de algunos de los votantes paceños cuando recuerdan el 12 de octubre. Para el novelista paceño Wilmer Urrelo Zárate, Premio Nacional de Literatura –que estuvo hace poco en la Argentina para el Festival de Literatura de Buenos Aires– el día de las elecciones fue sobre todo un día de compras y caprichos familiares. Lo recuerda así para Jallalla!: “En  Villa San Antonio casi nunca pasa nada. Estas elecciones fueron así: ganó quien tenía que ganar. La gente salió temprano a votar y, sobre todo, a comprar cosas como ropa, zapatillas, comida, etc. El día de las elecciones este barrio se convierte (o mejor dicho se fortifica) en un mercado. Creo que el día de ir a ‘cumplir con nuestro deber ciudadano’, como machacan los medios de comunicación, es nomás un día más de ‘choping’, a lo paceño, a lo boliviano, a lo cholo. Se vota, sí, pero también se compra, se come, se pasea con los peligrosos niños en bicicleta (atropellan peor que los coches), se complace a la esposa (como debe ser) respondiéndole sí a todo cuando ella te dice que falta esto o aquello en casa y que los precios de esto o aquello están muy baratos o que este vestido está bonito, ¿no? Un día aburrido, si se quiere, donde no hubo ni si quiera peleas entre los bandos rivales. Evo gana y los otros pierden. Mejor comprar el vestido bonito para la esposa y tenerla feliz”. 

Para muchos paceños el domingo es sinónimo de chaki. No por nada en Puno (Perú) suelen repetir que ésta es la palabra que más se escucha en La Paz.  El día de elecciones las cosas no fueron diferentes para Eduardo Paz, sociólogo boliviano estudiando el doctorado en el Colegio de México: “El 12 de octubre pasado me levante a media mañana y de resaca; burlar el auto de buen gobierno la noche anterior resultó tan fácil como siempre aunque la fiesta concluyó a las corridas para llegar a casa antes de medianoche. Llamé a un amigo a quien acompañe en varias actividades de campaña del MAS y quedamos de vernos en el recinto donde votaba el vicepresidente para luego ir a votar nosotros. Posteriormente iríamos a comer alguna cosita dominguera aprovechando de la oferta de las vendedoras en las escuelas donde se estaba votando. Así lo hicimos: en el recinto del vicepresidente nos encontramos con varios amigos –entre ellos varios mexicanos– que estaban trabajando en la campaña, votamos, comimos ceviche y salteñas y cuando el sol empezaba a caer nos fuimos a ver el cierre de mesas. Como estaba en compañía de gente de la campaña del MAS, fuimos a uno de sus cuarteles a esperar los resultados. Los números resultaron ser favorables y coronaban un trabajo en el que amigos míos habían empeñado los últimos 60 días. La reacción fue típica: una vuelta por la plaza Murillo antes de armar otra fiesta, conseguir más chelas y ponerse a bailar. Los cumpas mexicanos estaban más emocionados que varios bolivianos. Hablando con ellos entendí que lo que pasaba aquí es algo difícilmente imaginable en México, donde todo está armado para que nunca cambie nada. A las cervezas le siguieron botellas de licor que empezaron a aparecer a pesar de que las tiendas estaban cerradas, misteriosa multiplicación del alcohol. El domingo se convirtió en un sábado de fiesta, asegurándome una feroz resaca de lunes”.

Aldo Medinacelli, narrador alteño, recuerda así su jornada para esta revista: "Nadie lo recordó, pero hace algunos años, cada 12 de Octubre todavía se celebraba el estrafalario Día de la Raza, instaurado a principios del siglo XX desde Madrid. En La Paz sucedía algo parecido a lo que se hacía en cualquier otra efeméride; o lo que se hace hoy –por ejemplo– en Halloween, es decir: un corte abrupto en la cotidianidad, eventuales desfiles, discursos, explicaciones históricas y uno que otro disfraz. En esa y otras cosas pensaba mientras iba a votar el pasado 12 de Octubre, en eso y en que era muy raro un domingo sin fútbol, y en que el siguiente partido de Bolívar sería ante Blooming, el cual finalmente ganamos 4 a 3 con un golazo del español Juan Miguel Callejón y la destacada actuación de Sánchez Capdevilla, otro futbolista español que vino a reforzar a la academia hace un par de años, esto solía ser impensable, el hermano gemelo de una de las estrellas de la Champions anotando en Oruro, debido por supuesto a la crisis europea. No sé por qué nadie mencionó que las elecciones se ajustaron precisamente al antiguo Día de la Raza, que menos mal ya nadie celebra. Las cosas están cambiando, me dije, ahora solamente falta que un boliviano juegue en el Real Madrid."

Amaru Villanueva, funcionario de gobierno, que hizo campaña por el MAS, muestra, acaso más que ninguno, cómo Bolivia se ha modernizado: “Llegado el 12 de octubre, debo confesar que ya sufría de sobredosis electoral. No me interpreten mal... apoyé al MAS durante toda la campaña y me entusiasmaba una nueva victoria, pero la euforia colectiva produjo en mí una saturación que conspiró contra mi salida de casa para ir a emitir mi voto antes de las 3 de la tarde. Hablé por Skype con una amiga en España, vi Melinda Melinda de Woody Allen (me dormí), y más tarde accedí a ir al cine con algunos amigos a ver Gone Girl de David Fincher. Para esto, fui al Multicine y como acto de terrorismo celebratorio me deleité comiendo una hamburguesa de Burger King antes de entrar a la sala de cine. Mientras pagaba por mi Whopper, pensaba ‘que gane estos 35 bolivianos al menos hoy Doria Medina, ya que perderá en todo lo demás’. Y me comí la hamburguesa mientras saboreaba la gloriosa satisfacción de saber que Doria Medina se consagraba nuevamente como el rey con corona de cartón”. Por si no estuviera claro, es importante destacar que la franquicia en Bolivia le pertenece al empresario candidato Samuel Doria Medina, líder del partido más grande de la oposición. En Bolivia hay vencedores y vencidos, pero lugar para todos.