POESÍA

Cuatro poemas nocturnos

De Federico Soler

 

Presentamos una selección de poemas que forman parte del libro inédito Todo lo sólido se desvanece en el arte, donde se percibe cierto tono confesional de una experiencia que celebra la soledad del presente no sin cierto gesto nostálgico por el pasado que alguna vez fue.  

 

 

 

I

 

Es de noche

más bien tarde

no se oyen ruidos que vengan 

del exterior

para adoptarlos en mi pequeño 

espacio de confort

como si fueran propios

y sumarlos amigablemente

a los otros ruidos que hay acá

en la casa

llena de cosas

vacías

que tratan de acomodarse

al silencio o la calma

buscando a tientas

en la oscuridad

una suerte de ritmo ancestral

que exprese todos los sonidos 

del mundo

ordenados según su fuerza y pertinencia

para ocupar el rincón elegido

en la pausa del movimiento.

 

II

 

Te quedás solo

con tus propios fantasmas

balbuceando 

palabras que vienen de lejos

que parecen dictadas por otro

en la tensión constante

de no saber si seguir

o cortar a tiempo

en ese envión enfermizo

que todo lo arrasa

cuando el entusiasmo parece inagotable

y la voluntad cede

de nuevo

una vez más

ante la inercia del movimiento

aunque vos sepas 

que el fulgor es transitorio

y la emoción

prestada

durante ese cálido rapto de confusión

que mañana vas a pagar

en cada centímetro

de tu cuerpo.

 

 

 

III

 

No quiero saber 

cuáles eran esas cosas

que me gustaban

y repetir la misma ceremonia  

para que vuelvan a gustarme

una vez más

abismado en la noche

cuando se descubre que uno ya no es el mismo

ni otro

y que la serenata inútil de los días

nos volvió más

o menos ingenuos

ante aquello que antes nos fascinaba

y ahora apenas

tiene la forma de 

un pálido divertimento

que ha perdido vigencia

entre la gente.

 

 

 

IV

 

Las primeras luces del día

asoman entre edificios

como señales de fin de fiesta

en la mano un encendedor

monedas, llaves

y los restos de algo 

que pudo haber sido

pero nunca fue

ni siquiera sabés 

cómo volver solo

con esos billetes que te sobraron

arrugados

en el fondo del bolsillo

sabés que nadie puede salvarte

y querés que te lleven a casa

como decía esa canción tan linda

de los ochenta

que tarareaste mil veces

porque otra noche anterior

entendiste 

o creíste entender

que siempre se aprende

a salir

pero nunca se sabe

cómo volver

al cielo protector

de la indeterminación

completa del mundo

mientras todos descansan.