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Todo se complica. Hap and Leonard

Por Guillermo Piro

La primera temporada de Hap and Leonard, basada en textos del escritor Joe R. Lansdale, es un tratado sobre la amistad, la esperanza siempre esquiva y los imprevistos que modifican el destino de dos amigos en la búsqueda de un botín de dólares. Todo se complica porque las buenas historias policiales comienzan con las sorpresas, o con el plan tentador de una bella mujer.

 

 



Uno es blanco, pacifista, demócrata, heterosexual. Como todo pacifista –o como casi todos los demócratas–, no anda por ahí llevando un arma en la cintura, pero eso no significa que en su casa no tenga un reducto repleto de ellas, de todo calibre, dimensiones y poder, a las que, llegado el caso, recurrir sin remordimientos. El otro es negro, republicano, homosexual. Lleva siempre –o casi siempre– un arma encima, pero en su casa, en un reducto parecido al de su amigo, tiene muchas más. Viven y se mueven bajo el sol abrasador de Texas. Hap cree que el uso de armas nos retrotrae a la ley de la selva; Leonard cree que vivimos en una selva. Suelen trabajar en la cosecha de algodón y de flores. Ocasionalmente, cuando las fuentes de trabajo rural escasean debido a que los contratados son los inmigrantes mexicanos –mano de obra barata que tanto uno como otro aceptan con resignación, sin dejar escapar ni una vez un solo discurso xenófobo, porque confían en el destino y el poder de lo imprevisible, y porque es bajo el yugo de lo imprevisible que nacen las historias (las novelas policiales comienzan con sorpresas, cuando se acaban las sorpresas, se acaban las novelas). De manera que cuando se quedan sin trabajo suelen hacer changas diversas, trabajando de patovicas en la entrada de las discotecas, o de guardaespaldas de algún ricachón texano temeroso.

Hap Collins y Leonard Pine son amigos. Se conocen desde la infancia, lo cual explica cierta dependencia sentimental. Chocan todo el tiempo, se juzgan y critican mutuamente de un modo crónico, y sin embargo no dejan nunca de plantear en acto aquello que define la amistad –o que define la amistad en ciertos ámbitos, en ciertas culturas, en cierto imaginario colectivo–: un amigo es aquel capaz de dar el brazo por el otro. O mejor, con palabras de Francisco de Quevedo: amigo es aquel que cumple con la condición de la sangre, que corre presta a la herida sin necesidad de que nadie la llame.

Hap y Leonard es una creación de Joe R. Lansdale, un escritor –texano, naturalmente– nacido en 1951, famoso por ser el creador de un sistema de defensa personal y por haber escrito una enorme cantidad de novelas, que van desde westerns –el año pasado publicó una pequeña obra maestra llamada El bosque– a novelas de terror y ciencia ficción –no menos famosa es su trilogía pulp ambientada en un autocine, al que una masa informe y destructora impide salir a quienes hasta hace poco no hacían nada más inocente que mirar una película, y que desde ese momento se convertirán paulatinamente en bestias cuya única finalidad es sobrevivir. También ha escrito novelas policiales, muchas de ellas llevadas al cine -la más reciente, Cold in July, protagonizada por Michael Hall, Sam Shepard y Don Johnson. Pero sin duda su serie más conocida es la protagonizada por Hap y Leonard, pareja con la que, entre novelas y relatos, lleva publicados más de una veintena de libros. De esos libros sólo uno fue traducido al español: Mucho Mojo, novela publicada en 1994 que lo hizo acreedor de dos premios: el New York Times Notable Book of the Year y el British Fantasy Award.

Mucho Mojo apareció en español en una colección extinta de novelas policiales dirigida por Paco Ignacio Taibo II llamada Círculo Hueco (Thasalía, 1995). Tal vez es la mejor novela de la serie, como lo prueba el hecho de que su trama es fácilmente identificable para alguien que ha leído toda la veintena. El resto de las tramas, en la memoria, es intercambiable, se confunden unas con otras. No dan lugar a la invención: los recuerdos son claros, los diálogos se recuerdan con precisión, pero a la hora de adjudicarle un título la memoria flaquea. Mucho Mojo en cambio posee algo que la hace única –no sé qué es ese algo, pero es así, no hay dudas. La serie Hap y Leonard, los seis episodios que este año produjo Sundance Channel, con James Purefoy y Michael K. Williams interpretando a los amigos, sigue entonces, sin duda, paso a paso la trama de una novela, pero lamento decir que no sé cuál es.

Al igual que lo que ocurre con el trasfondo de ciertos dibujitos animados (La vida moderna de Rocko, Bob Esponja, Hora de aventura, Un show más, CatDog, etc., etc.), Hap y Leonard gira en torno a la amistad, o mejor dicho a la amistad como motor de extraordinarias (en el sentido de fuera de lo ordinarias) aventuras. Aventuras que siempre nacen de la mano de la desocupación y de la esperanza de salir definitivamente del pozo. Siempre, Hap y Leonard se mueven en la ilusión de poder dejar de vivir pobremente, cambiar el auto, irse de vacaciones a una playa lejana, comprarse una casa, beber buen bourbon. Y aunque sin las dosis de humor obligatorias en las novelas de Donald Westlake protagonizadas por John Archibald Dortmunder (La esmeralda candente, Nadie es perfecto), lo que subyace, lo que mueve y hace que los sujetos se estrellen contra la realidad es la perspectiva de dejar de ser lo que son: menos que cero.

En la serie desata la historia la reaparición de un viejo amor de Hap, Trudy (Christina Hendricks), quien le propone a su viejo amor que se integre al equipo integrado por su ex marido para encontrar un río perdido en Texas donde hace años quedaron sumergidos muchos billetes fruto de un atraco. Pero Hap no es nadie sin Leonard, y aunque Leonard desconfía de Trudy (pero Leonard desconfía de todo el mundo), él también se une a la banda. Lo que ocurre después es previsible, pero no deja de sorprender por el simple hecho de que la Ley de Murphy, aunque conocida por todos, es inaceptable (me refiero a que, aunque sabida, es inaceptable en términos inconscientes). Leonard sabe con certeza que todo va a complicarse, sencillamente porque siempre ocurre lo mismo, porque la vida de ellos es así. Y Leonard pocas veces se equivoca.

Una vez, a propósito de La noche americana, François Truffaut dijo una frase genial. La frase decía más o menos así: “Cuando comienzas a rodar un film tienes miles de ideas, pero cuando estás en plena filmación lo único que quieres es terminarla”. Trasladando el razonamiento, cada vez que Hap y Leonard tienen un plan, lo que sobran son las ideas, pero cuando están en el baile, lo único que quieren es salir con vida. De eso se trata la serie: de que las esperanzas siempre son vanas, pero que sólo la amistad puede hacer que conservemos la vida.