SOCIEDAD

Historia de dos ciudades. El reto de una identidad argenbol.

Como consecuencia de la movilidad social, la comunidad y la cultura boliviana han crecido enormemente en Argentina, lo que plantea el desafío de pensar una identidad argenbol, en función de la naturaleza de este intercambio.

 

Por Alfredo Grieco y Bavio (desde La Paz, Bolivia)

 




A los ojos exteriores, muchas veces parece que Bolivia recuerda más las fronteras que ganó que aquellas que perdió. “Listos para volver al mar”, se lee en la tapa del cotidiano paceño La Razón del 8 de agosto. Y durante años fiestas escolares alegorizaron en escenarios de fiestas patrióticas a los diez departamentos, donde el décimo era un niño semidesnudo, con los ojos vendados, que representaba al Acre. Pero ganó, y cómo, en su frontera viva. En Argentina, en Buenos Aires y el conurbano bonaerense, está la mayor ciudad boliviana del mundo. Los argentinos comenzaron a advertirlo, los migrantes tímidos disimularon sus números masivos, y recién ahora, con el voto exterior, ha comenzado a formarse un padrón que será decisivo para cualquier elección del Estado Plurinacional. 

GRITOS Y SUSURROS EN TUS OÍDOS. El papa Francisco I es el argentino más importante del mundo. Pero no el único que querría susurrar en el oído del presidente Morales: Evo, te admiro. El pontífice romano no se quedó con las ganas, y lo hizo en Río de Janeiro durante  las Jornadas Internacionales de la Juventud. A la sede de gobierno en La Paz llegan cada vez más de esos gritos y susurros. Algunos antes insospechados. El periódico tradicional La Nación publicó en su primera página del 13 de abril “Bolivia ya es uno de los países más pujantes de la región” y el 3 de mayo puso una foto y una nota sobre “Evo, el hombre” en la tapa de su revista semanal ilustrada. Esos cumplidos eran más habituales, o más esperables, en el diario Tiempo Argentino o en el semanario de actualidad política Veintitrés. Un ciclo se cierra, otro se abre: Argentina y Bolivia se miran con nuevos ojos. 

LA BOLIVIA EXTERIOR. Antes de ser papa, el cardenal Jorge Bergoglio, pastor de la arquidiócesis de Buenos Aires, Francisco hizo uno de los ejes de su apostolado el combate a la discriminación, la xenofobia y el racismo. Con mucha atención a lo que atañe a quienes eran identificados por otras poblaciones locales como bolitas. Más se demoró el presidente Morales en atender a los casi tres millones de paisanos migrantes. Cuando Evo Morales cumplió tres años de gobierno, pronunció un discurso de cuatro horas sin mencionar una sola vez la palabra migrante. Fue su cónsul en Buenos Aires, José ‘Gringo’ González, quien se lo hizo notar. El presidente dio un giro, y se convirtió en principal impulsor de ley para que la ciudadanía exterior pueda votar. 

URBES ARGENBOLITAS. Fue el mismo cónsul quien deploró que sólo votaran los ciudadanos bolivianos en Buenos Aires, en la fronteriza Jujuy, en la cuyana Mendoza. En la Patagonia hay más de 200 mil bolivianos, el doble de la población del departamento boliviano de Pando. Las manzanas de Río Negro son más grandes que las del Illimani. Pero esa fría provincia patagónica argentina importa el 40% de la verdura que come. El otro 60% lo producen los bolivianos, y los rionegrinos quieren que bolivianos produzcan localmente el 40% que falta. En la chubutense Puerto Madryn, orureños y potosinos, frente al mar donde nadan las ballenas, viven de pelar pescado; en Neuquén hacen ladrillos en un proceso que les borra las huellas de los dedos. 

FIESTAS DEL MONSTRUO. Si con el tiempo las festividades de las vírgenes paceña de Copacabana y cochala de Urkupiña o la festividad aymara de Alasitas o el ekeko empezaron a resultar pintorescas, los barrios donde los migrantes o sus hijos e hijas viven son a veces juzgados arquitectónicamente monstruosos a los ojos y al gusto gaucho -por las razones más equivocadas, o más pintorescas. Mientras tanto, sin embargo, el viaje ida y vuelta a La Paz o a Santa Cruz, es cada vez más frecuente para más gentes, de los dos lados de la fronteras, y cada vez hay más llajwa en los locros y los asados argentinos.  

SALADA Y CH’IXI. La sola invocación del nombre de La Salada evoca un mundo al que se puede acusar de todo menos de insignificancia. Los cientos de millones de dólares que diariamente mueven la confección y el usufructo de marcas demuestran que los argenbol tienen para ofrecer más recursos que meros votos. La rápida, irreflexiva asimilación de las formas más extremas de la explotación que sufren los trabajadores textiles con la categoría de esclavitud ha sido objeto de burla escéptica, con el estilo y la violencia que le son característicos, por la socióloga paceña Silvia Rivera Cusicanqui.

IDENTIDAD: ARGENBOL. Menos evidente desde el Choqueyapu es algo que resulta de Perogrullo desde el Plata. Que en la masa electoral que vive en la Argentina, abrumadoramente colla en sus autodesignación, tiene el oficialismo asegurado su triunfo en las presidenciales del 2014. Los que viven en Argentina son bolivianas y bolivianos tan enteros, y tan imprescindibles, como si residieran en Jesús de Machaca o en el Plan Tres Mil. Y muchos son argentinas y argentinos igualmente imprescindibles. La nueva revista Jallalla!, publicada todos los meses en papel ilustración, a todo color, da cuenta de ello. Una nueva binacionalidad ha nacido.