INSTRUCCIONES



Instrucciones para escribir un libro de mierda


Por Alain Delonce*

 

 

Mucha gente se pregunta qué clase de competencias o saberes se necesitan para escribir un libro. Pero escribir un buen libro no es lo mismo que escribir cualquier libro, y escribir cualquier libro no requiere el mismo esfuerzo que escribir un libro de mierda

Para escribir un buen libro es necesario tener un buen argumento. Luego, se debe tener la pericia de contar ese argumento en un estilo particular que se ha desarrollado con éxito durante años. También se necesita el dominio de una técnica narrativa que permita al autor moverse libremente entre un relato elíptico, narrativo o descriptivo para contar un suceso. Después tendría que escoger un género y narrar la historia en clave realista, policial, fantástica o de suspenso. Si se siente abrumado porque no domina estas competencias, no se alarme. Para escribir un libro de mierda no es necesario que usted sepa algo de todo esto.

Supongamos que usted ignora todo lo relativo al arte de narrar y es un iluso que está desbordado por el entusiasmo. Va en buen camino, no se desanime. El entusiasmo es todo lo que se necesita en estos casos. Póngase a escribir sin método, no se preocupe por el estilo, las técnicas se inventaron para ignorarlas y usted ha nacido con el talento para ignorar los tecnicismos. Es importante que usted escriba sin escribir, como haría cualquier novato, olvidándose de la sintaxis. En un lapso de once meses, si se impone la conducta de escribir durante cuatro horas por día –mientras los chicos están en el cole– usted podrá terminar su libro de mierda.

Una vez que tenga su librito, seguramente estará interesado en publicar esa joya literaria, dictada por la lírica apasionada del inexperto o del idiota grave. Publicar no es difícil. Lo que ahora tiene que hacer para publicar su «obra» es buscar una editorial de mierda que lanza al mercado libros olvidables con el mismo entusiasmo que el suyo. En Argentina, por suerte, las editoriales malas abundan. Sólo tiene que escoger entre un abanico infinito de posibilidades, cuál es la editorial que publica bodrios como el que usted tramó.

Una buena editorial suele considerar una inversión, una apuesta a largo plazo solventar el gasto económico que representa editar el libro de una joven promesa. Pero usted no es una joven promesa y es probable que ni siquiera sea joven. De modo que una buena editorial, posiblemente, no esté interesada en publicarlo y arruinar así un catálogo de escritores notables que ha construido durante años. Lo que a usted le conviene es ahorrarse disgustos: vaya a una editorial de mierda y pague una suma aproximada de 6 mil pesos argentinos. En cuatro meses tendrá un libro con su nombre en tapa y en letras de molde, que podrá regalar a su familia o vender en cualquier mesa de saldos de la calle Corrientes. 

¡Felicitaciones, usted ya es un escritor!

 

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*Mediocre contemporáneo

 

  

El boludo existencial


Por Daniel Ledesma*

 

Uno sospecha que la gente siempre tiende a encontrar una nueva fuente de inspiración para moldear el temperamento que irá definiendo aquello que uno es o pretende ser.  La naturaleza de ese temperamento a veces está determinada por los lazos de sangre, otras veces, por hechos puntuales de la experiencia y, en algunos casos, por la forma en que respondemos a ciertos interrogantes. La interrogación acaso sea una de las formas de cuestionar lo dado, de poner en duda aquello que se nos presenta como real o verdadero. Pero la pregunta no necesariamente puede ser considerada una respuesta a los hechos o una manera acertada de afrontarlos. La interrogación por la interrogación misma, sin la chispa que pueda activar el mecanismo del razonamiento; la pregunta vacía, formulada con la mejor intención sin la voluntad de llegar al conocimiento, es la actividad que más entusiasma al boludo existencial, ese ser que nos ofrece, ante un silencio o una pausa, su pregunta pelotuda: ¿No será que todo estaba perdido desde antes?

El boludo existencial ha forjado su naturaleza con la lectura de una media docena de libros mal entendidos. No serán libros de lectura sencilla y simple interpretación, pero el boludo existencial pudo ver ahí la razón principal para no entenderlos: preguntarse qué habrán querido decir y responderse con otra pregunta ¿Será que el libro me encontró a mí y yo encontré eso que no buscaba?

Algunos libros de Filosofía o de Historia comprendidos parcialmente pueden activar conexiones neuronales tan inesperadas que terminan desencadenando un interrogante intrascendente. En general, el boludo existencial se enfrenta sin miedo al paradigma de Kant, Hegel o Schopenhauer porque su mayor miedo no es no entender, sino entender todo sin tener la oportunidad de preguntarse nada. El boludo existencial no es un mal tipo, por el contrario, trata de ayudarse y ayudarnos, de revelarnos un mundo que no estamos viendo y que él intuye, desde algún pasillo oscuro de la Facultad. Para él no hay situación, sujeto o mundo que se resista a una pregunta. Y en esa forma dialéctica de ir descubriendo el mundo y de mostrárselo a los otros, él mismo se va descubriendo, a oscuras, acertijo tras acertijo. ¿Cuál sería la exacta definición del «ser» si uno tambien es aquello que no quiere?

Es imposible negar que la realidad nos desacomoda todo el tiempo, que nos impide sentarnos cómodamente a ver cómo se cumplen nuestros pronósticos, porque la razón de lo que sucede es, muchas veces, impredecible. Por eso no queremos denostar el sano ejercicio del idiota metafísico o del boludo existencial. Pero de ahí a fomentar el interrogante para crear falsos filósofos del porvenir hasta que nos sentemos en la vereda a distinguir cornudos, amantes, arquitectos o boludos existenciales, nos separa una pregunta: ¿Son o se hacen?

 

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*Filósofo estilista