POESÍA

La música


Introducción y Selección de Florencia Abadi.
 


Fernando Araldi Oesterheld nació en Buenos Aires en 1975. Este año publicó su primer libro de poemas, por la editorial Mansalva, El sexo de las piedras: una voz desgarrada y profunda que irrumpe en el escenario de la (tonta) ironía contemporánea. Acá presentamos algunos fragmentos de su próximo libro, La música. Desde los silencios impresos en el blanco de las páginas de su primera producción, su poesía vira hacia una prosa en que el exceso alude a los cuerpos de los vivos y de los muertos. Una profusión que, en medio del dolor, es también celebración de la palabra.




  

"ella es, la pequeña muerta detrás de los rosales". hay un lago (¿rojo?). una huella de la paz que atravesó ese paisaje cuando en la casa nadie hablaba. imposible de nombrar, el nacimiento frío, pactado, de un cordón umbilical absorbiendo la extrañeza de un cuerpo inacabado. y lleno de cal. y en el primer parpadeo de furia incapaz de eyacular un oleaje de mar. es la voluptuosidad, el puro yo, el ocaso. y vibrás en el silencio por eso y por todo lo demás.  pero tal vez esta locura deje su marca como un rocío que late al filo de la madrugada. dije que late. pero lo mudo desova. el ojo está cocido, fijando alas, al alcance de la divinidad en lo espontáneo… de todas las encrucijadas. esa red. de piedra que cae sobre un jardín cubierto de palabras. "ella es, la pequeña muerta que todo lo degrada". 

 

yo que di de comer la leche tibia, en cada luna me alejo silenciosamente para arrojar las entrañas que me sobran. y digo también: prohibido ser la sombra. o la herida de una sombra ya tejida por la araña de su negro natural. no guarden mis llaves. reunidos aquí por las cenizas de una eterna cremación. "mientras tanto estoy maldito, y me horroriza la patria. lo mejor es tirarse a dormir totalmente ebrio en la playa". el día que lo supe. me acuerdo que llovía. tomábamos el té mientras caía el agua tatuándose en nuestras pupilas. "había algo, aunque ya no recuerdo qué. y en medio de todo parecían todos contentos. me sorprende que todo ese mundo que está alrededor, nunca tuvo una influencia. a eso me refiero, y no lo digo con maldad". "esos cuadros me tienen fascinada, porque los hizo pensando en lo que pensaban cuando las dibujaba". y empezó así, verla a ella dibujar con las manos más allá de los pensamientos, donde hay otros y muchos más; y así hasta volver al primero, que es el último, el único de la espiral  que se licúa por ese agujero negro que todo lo contiene y todo lo vomita. ¿es verdad que tengo un deseo? estar solos… 

 

y que sepas, cuando te diga mi nombre, que me extiendo como un mapa cada día en mi deseo de borrar la humanidad. estoy en lo seco. ya nace. es mi primer hijo. mi primer puntito negro que respira y defeca por igual. sí. llora un diluvio. sueña en posición fetal, juega en posición fetal, gatea en posición fetal. y nos cosemos las espaldas para hablarnos sin hablar. dicen que ya no son, que nunca más las voy a volver a ver. ellas lloran. sus sexos de agua se mezclan a las lágrimas y mojan los huesos que me trepan al amanecer. yo hablo, me seco los ojos, escucho hablar. es mi mamá. me prometió que venía. por eso busco mi mejor vestido de novia y la espero en el altar. pero esta es la primera vez que en mucho tiempo nadie dice nada. la pared no dice nada. la nieve no dice nada. los huesos no dicen nada cuando caen sobre el mar. y para qué rezar. 

 

pasa un pájaro, y ahí está mi padre mirándolo. todos los momentos en que a él su padre lo sostuvo mientras él pensaba que el vacío era una idea luminosa. regó las plantas, me hamacó en sus rodillas y dejó que el aire de su boca se mezclara con mi boca en un juego de suicidio y pura libertad. amén. por una fría rendición y por el calor de lo que nunca se podrá evitar. la vida es pasado. y vuelvo a mi padre, ya había muerto, se licuó en el viento y suavemente se hizo hueco, agujero, abismo. y lloro y río al mismo tiempo mientras llora y ríe él al mismo tiempo porque yo nací de él y él nació de mí.

 

¿y estaba yo?  ¿pertenecía a la rabia de una raza?  toda caída es vertical. y bocas abiertas esperan por lo que cae, como si el centro de la tierra fuera un útero sin fin y nunca pudiera llenarse más que con los gestos y las sonrisas de una ironía invisible y universal. ¿y estaba yo?   no.  ¿era presencia?  no. me enterré para impedir que las balas transformaran el destino que me tatuó la vagina al escapar de su tibieza. y este es el castigo: ser el alma negra de una ciudad de oro donde los niños se masturban antes de alunizar. un fuego en el mar de las sensaciones. un umbral imposible de traspasar si solo se puede "sentir" con el tacto. el día es sin fin. me visitan más hijos. más ojos que se multiplican preguntando a cada segundo si voy a poder juntar del suelo las palabras derramadas. la luz me envuelve otra vez. yo, que muchas veces mentí, hoy te digo una verdad que posee el mismo nombramiento para cada una de las cosas.

 

¿cuándo voy a callar?  si inyecto mis manos por mi vientre puedo arrancarme la voz y los silencios antes de decir que esta boca se oscurece cuando imploro una vida para mi verdad. ya lo vi: "y así fue como un día, bajo las nubes, los muertos enmudecieron para siempre". el universo inmaterial… de los muertos para los muertos. si no se tocan. si no se ven. si son una legión de almas con sed por la electricidad que los hace mover y aparearse en la inmensidad de sus miserias. si sólo son la aguja de un sueño enajenado. sólo el deseo de dar vuelta los espejos y escapar de las sombras para violar desde el silencio sin temor a nacer otra vez. todo es posible. empujar. absorber. dilatar. yo jugaría, dejaría que los secretos se tiñan de rojo y sean un castillo entre la aorta y la columna vertebral. sin un jardín pero con un cielo, y con una neblina húmeda y protégenos del mal, amén. sólo las madres son las que lloran si los niños resucitan otra vez. escrito en una pared: "que la vida sea lo que debió ser".  pero digo: "que la vida asuma lo que debió ser". y de la tumba se levanta el animal. que no busca como yo, que no encuentra como yo, en un suspiro de celo radiante la impureza por unanimidad. "¿me vas a pasar a buscar?"   sí.   "¿y voy a estar yo? tengo tus fotos. ¿sabías que en casi todas salís comiéndote las uñas, con una mirada hueca incapaz de mirar fijo a otros ojos?                        

basta de voracidad. y tiene que ver con que en la carne se despliega como un mapa toda la hiel entumecida. ¿lo creerías? ser humano. con el alma entre las manos. 

 

ángel, en el infierno azul, adormecido inclinás la cabeza; y todo el mármol decora tus fauces, las llamas, como una electricidad que se eleva y se agota, como una necesidad que se eleva y se agota, diseminados aquí, para matar, para asfixiar solo por el placer de asesinar lo real; infierno, azul, y todo el mármol decora tus paredes. pero ahora. un ataúd guarda los tesoros de aquella tarde en la que fuimos hijos de una loba. ¿lo sabías?¿entre cuáles espejos? ese ritmo, para anular la respiración en la celebración de cada bocanada, adentro de la tierra, donde gusanos mariposa hablan cara a cara con los labios fríos que ya no se levantan

 

 "mi vida es mi vida", dijiste 

 

 y había el rumor de que algo sucio fuera el rostro de la eternidad.