RESEÑA

Life Goals

Por Horacio Mohando

 

El Peor Director de Todos los Tiempos, con los mismos elementos que construyó las películas que lo hicieron memorable, escribió una serie de relatos tan virtuosos que (casi) todo el mundo olvidó. Una nueva edición viene a subsanar este error con un libro exquisito del cineasta que amaba vestirse de mujer.

 

 

La Sangre se Esparce Rápidamente
Ed Wood
Caja Negra, 2015

 

De la locura, la real, la patológica, no sale ninguna genialidad. Nos gusta el lugar común porque preferimos la magia como explicación antes que atribuirle a la persistencia, a las largas horas de esforzado trabajo la causa de aquellas obras que seducen, conquistan y llegan incluso a veces a cambiar el orden dado de las cosas, el famoso status quo del arte, la estética o la moral. De Vincent van Gogh preferimos escuchar la historia de cómo se cortó el lóbulo de la oreja por una pelea con Gauguin, para mandárselo después a una prostituta de nombre Rachel. Nos regocija y tranquiliza saber además que pasó sus últimos años en hospitales psiquiátricos. Pero la verdad es que a lo largo de su vida este holandés pintó unos novecientos cuadros. Como muestra irrefutable de cordura debe aclararse que las veces que estuvo recluido en manicomios lo fue de manera voluntaria. El diagnóstico psicológico entonces no sería garantía de generación de arte. 

Pero aun impresionados por lo prolífico que puede llegar a ser un artista, como ocurre con la salud mental, tampoco el trabajo arduo y las buenas intenciones son garantía de resultados deslumbrantes, o al menos dignos. Ed Wood no estaba loco y era persistente. Un entusiasta que era malo en lo que hacía. Y esto es un hecho. La fascinación por sus películas comienza alrededor de los años 80´ gracias a un libro llamado The Golden Turkey Awards, donde se le otorga el título (que nadie sospechaba entonces sería eterno) de Peor Director de Todos los Tiempos. Nacía una devoción de universitarios basada no en los méritos sino en la total ausencia de ellos.  En este caso también la creación de la mística incluyó un repaso de la vida de Eddie, como lo llamaba su esposa. Hasta hicieron una película. Y si bien el Ed Wood de Tim Burton es una impecable declaración de amor deja de lado ese campo donde Eddie también incursionó y lo hizo bien: la literatura. Un ámbito en el cual repitió lo de ser furiosamente productivo. Publicó varias novelas, y entre los años 1970 y 1974 escribió artículos, relatos y textos para las revistas eróticas publicadas por Pendulum Publishing. A este período pertenecen los cuentos publicados por Caja Negra Editora. Y debemos estar agradecidos.   

No es este el lugar para volver a contar la vida de Ed Wood. Pero se hace necesario destacar algunos hechos que, así como los paisajes que llevaron a Van Gogh a pintar "Una Noche Estrellada", determinaron de manera evidente la temática de sus relatos.

Eddie tuvo una madre que, frustrada por no haber tenido una hija, solía arroparlo con sus mejores vestidos. Una costumbre que él mantuvo por cuenta propia durante el resto de su existencia. Sus relatos están poblados de travestis, homosexuales y lesbianas, que no están en la etapa del coming out sino en el medio de distintos tipos de despertar. Son otras las búsquedas que se desarrollan en escenarios dignos de una novela negra pero sin melancolía ni oscuridad, sino más bien con ilegalidad y alegría borracha.    

Eddie participó de la Segunda Guerra Mundial. Para ingresar al ejército tuvo que mentir sobre su edad y, al finalizar la batalla, fue condecorado. Leyendo sus cuentos comprendemos que, como tantos otros de esa generación, vio sangre, dolor, muerte y absurdo, escenas que le dejaron ese tipo de marcas que no alcanzan a verse con solo mirar a alguien desnudo. En estos relatos hay soldados perdidos en selvas crueles donde se esconden enemigos igual de implacables.  

Eddie pasó hambre. Y acá puede que esté, para dejar contento a sus seguidores, su máxima locura: usar la literatura para sobrevivir. Esto hizo que Ed Wood se acercara a la escritura con inocencia y libertad, con las pocas reglas que suponemos le deben haber impuesto los editores de Pendulum Publishing. Resolvía tramas en pocos párrafos, sabiendo que su lector era poco exigente, amigo de los finales sorpresivos y efectistas, que sus escritos solo eran un descanso entre fotos de gente con muy poca ropa. 

Pero estas condiciones, aparentemente restrictivas, no hicieron otra que cosa que expandir el universo de Ed Wood. Una imaginación con todo el permiso para desbordarse pero a su vez inteligente y con una intuición precisa, seguramente educada por el lenguaje cinematográfico, en cuanto a estructura y construcción de personajes. Pero Wood no se detuvo ahí. En medio de vaqueras lesbianas y curas buscadores de reinas vírgenes, metía de vez en cuando relatos de una belleza rara y calma. Un piloto, mientras espera que le den permiso para aterrizar, reflexiona sobre su matrimonio en "Pista Libre". Una adolescente parada en la puerta de su casa decide que el futuro empieza en ese momento en “Escena Intima / Despegue”. Un actor recién salido del closet seduce sin ningún tipo de conflicto a un periodista en “El Autógrafo”. Y siempre, en todos y cada uno de sus cuentos, de pura sangre Pulp, hay un estilo depurado, poético de manera ligera y alejado de los lugares comunes que frecuentan los escritores pretenciosos. Si intentáramos agregar un título para el Ed Wood escritor, el de Mejor Titulador debería considerarse.        

La Sangre se Esparce Rápidamente nos recuerda que todos deberíamos intentar ser perdedores alguna vez en nuestra vida. El reconocimiento no importa, llegará después, por las razones equivocadas, tal vez, como le pasó a Eddie, cuando ya estemos muertos.