RESEÑA

La soledad del lector (Reader's Block)

Markson alterna pequeñas anécdotas de escritores con acotaciones y citas textuales, atribuciones puntuales y otras variantes que renuncian a su valor intrínseco para componer una trama con el plan de la novela.

 

Por Daniel Fara 

 

La soledad del lector (Reader's Block)
David Markson 
La Bestia Equilátera, 2013

 



La soledad del lector no es un mal título ni resulta para nada impertinente con relación a la novela de David Markson; pero hubiese importado mucho que el libro apareciera titulado con una traducción directa del original: Libreta de notas (o Block de notas) del Lector.

Tal título obedece a una variante, próxima a la inversión, de "Writer's Block", expresión con que se designa a la colección de apuntes que el escritor va tomando en favor de un futuro libro, haciéndose preguntas, ordenándose averiguar ciertos temas, asentando citas, posibles nombres para los personajes, ambientes donde ocurrirá lo que planea escribir, etc.  

Ahora bien, ¿qué viene a ser el block de un lector?, ¿se trata de las notas que toma un crítico para referirse a una obra que habrá de comentar?. ¿o de las anotaciones de un lector dispuesto a convertirse en autor?, ¿o, tal vez, de un lector que no dejará de serlo y que pone por escrito sus expectativas de lectura en relación con un libro que otro escribirá? 

 Estas conjeturas se van volviendo inconducentes a medida que las sometemos a prueba, sobre todo porque no podemos ignorar que hay una primera persona y que tanto el Lector como el Protagonista son designados en tercera, o sea, son / pueden llegar a ser creaciones de ese locutor que sólo se nombra a sí mismo un par de veces sin revelar nada sobre su identidad. 

Las conjeturas se quedan en lo que son, el locutor se esconde detrás del silencio y nosotros, los lectores con minúscula, sólo podemos comprobar que las preguntas que nos hicimos no difieren demasiado de las que se hace el anotador inidentificado a la hora de introducir y compatibilizar con las demás, elementos básicos para construir una narración. 

Desde esa certeza -que nos involucra en el plan de la obra- podemos pasar a otra: éste no es estrictamente el plan de una novela de las que se ajustan al cánon de turno. Las interrogaciones y los posibles datos acerca de un libro sobre el Protagonista son sólo una parte de lo que vamos a leer. Esas acotaciones alternan con citas textuales, pequeñas anécdotas que conciernen principalmente a escritores, cotejos de varios tipos entre autores y obras, atribuciones puntuales y otras variantes que renuncian a su valor intrínseco para componer una trama con el plan de la novela.

En cuanto a las notas, es predominante la referencia a hechos luctuosos, fracasos, postergaciones como también mezquindades y actos de crueldad que tuvieron por víctimas o victimarios a figuras famosas en el campo del arte y la filosofía. Podríamos hablar de un registro intermitente de todo lo malo, sucio, trágico, sórdido, que hubo detrás de las grandes creaciones, pero de modo alguno se trata de mostrar la cocina o el baño de los creadores -como suelen hacerlo ciertas publicaciones mediáticas de alcance masivo-. Ese trasfondo es también literario, o bien, se vuelve literario porque en la trama de este libro, como se dijo, existe una simbiosis permanente y paradójica entre sus (micro)componentes: aunque se apunte a mostrar situaciones de aislamiento, de soledad, ningún señalamiento queda escindido, todo determina y es determinado por el resto, todo es introducido en función, no siempre evidente, de decidir, por caso, si el Protagonista se instalará en una casa ruinosa y apartada, con ventanas que dan al cementerio o si lo hará en una construcción similar pero próxima a una playa.

Los críticos coinciden en señalar que David Markson (1927 - 2010) produjo una primera obra por encargo (textos vinculados a los de la Beat Generation y luego policiales de aliento similar a las escritas por Raymond Chandler) y que sólo en el período final de su carrera se habría dedicado a escribir novelas experimentales o -lo que no es lo mismo aunque así se lo pretenda-  a trabajar con formas diferentes, rupturales, de la ficción narrativa.

Pensamos que La soledad del lector no es de ninguna manera una novela experimental. Al contrario, los productos de este tipo suelen entusiasmar a los críticos forenses y dejar indiferentes a los que leen por amor a la literatura. Estos últimos disfrutarán en grado sumo el libro de Markson y seguramente valorarán el aporte de sus innovaciones. En cuanto a ciertos críticos, quedarán impávidos ante la obra, con sus compases y astrolabios tan inutilizados ante la materia escrita como sus fórmulas estadísticas y sus aspiraciones a consagrarse, por irrupción, en obras ajenas que nunca solicitaron sus servicios.