RESEÑA

El hiato del pueblo

Por Julia Kratje

 

En su nueva obra, Gonzalo Aguilar explora las derivas de la tradición argentina y latinoamericana en torno a la categoría de «pueblo» a partir de diversas producciones audiovisuales. Más allá del pueblo reúne algunos de los ensayos sobre cine más originales de la actualidad.

 

Más allá del pueblo
Gonzalo Aguilar
Fondo de Cultura Económica, 2015


“Otra vez, la dificultad de clasificar: mejor seguir intensidades, descargas de la memoria, nomadismos desclasificatorios”, escribe Gonzalo Aguilar en un pasaje de Más allá del pueblo1 que se puede leer como una puesta en abismo de la obra. Si el afán de clasificación pretende observar, separar, diseccionar, aprehender una realidad sin fisuras, el juego de la invención, en cambio, borra contornos prefigurados, se involucra pasionalmente con los materiales. Esta ruptura, esta impropiedad del conocimiento que aspira a ser algo más que una repetición ordenadora, marca el pulso de los textos reunidos en el libro.

Los ensayos delinean un campo de problemas cuyo epicentro, de entrada, aparece desplazado de los confines de la racionalidad: ¿cómo pensar al pueblo, y por consiguiente, lo popular y el populismo, en una configuración de la esfera política que pone en escena la opacidad, su tragedia, su fatalidad, hasta su propio exceso? Con la carga simbólica de los años sesenta que aún repercute en el imaginario de América Latina, el cine de las últimas décadas no sólo bosqueja el vaciamiento de la categoría de pueblo, sino sus múltiples coreografías y agrupaciones que escapan de la lógica orgánica, voluntarista y unitaria de otros tiempos. Si el pueblo, actor histórico privilegiado, ya no constituye la instancia homogeneizadora de lo político, ¿qué sucede con sus representaciones? Olvidos, invocaciones, derivas; el cine introduce lo político en la imagen. Esta característica del actual régimen de visibilidad, que ya había sido explorada en Otros mundos (Santiago Arcos, 2006), toma aquí nuevos impulsos. Cuando sujetos e identificaciones desbordan la fuerza cohesiva del plural mayestático, la emergencia de otras multitudes, de cuerpos que se articulan en torno a una lógica diferente a la moderna, nacional, masculina y fabril, exige un cambio de perspectiva. Mutaciones de las identidades de género, masas migratorias, disolución de la intimidad; los análisis de films y teorías se encuadran en el contexto de globalización mediática, alrededor de las transformaciones contemporáneas de los sujetos políticos. 

 

La imagen, nuestro ecosistema, es el lugar de disputa por excelencia. Su capacidad de hacer colapsar viejos binarismos (copia y original, real y artificio, vida y relato) imprime una huella singular en el flujo de los acontecimientos. En sintonía con un mundo que ya no busca ocultar los mecanismos de la dominación, según asevera una de las hipótesis de Aguilar, el estudio político e ideológico de los films reside en su forma. No se trata de revelar un contenido encubierto, sino de pensar cómo el cine elabora y expresa imaginarios, sensibilidades, afectos.

Las películas se cruzan, se rozan, se apretujan, se estrechan o se enfrentan: el extenso corpus, en movimiento permanente entre las adscripciones nacionales y las ramificaciones que rebasan sus delimitaciones, privilegia una apertura a lo contemporáneo desde el punto de vista de nuestro “cosmopolitismo limítrofe”; una Modernidad de los intervalos, entre las ruinas y el circuito global, desde la que se intentan enfocar modalidades emergentes de lo político, que suelen ser excluidas, silenciadas o consideradas como menores tanto por la sobreexposición espectacular como por la subexposición censuradora. El cine es, según este punto de vista, una “cultura internacional-popular”, un cuerpo indicial (tocante, tocado, huidizo, siempre cambiante) que no puede sintetizarse en unidades totalizadoras.

En la primera parte (“En teoría”), Aguilar discute principios teóricos y críticos de la obra de Gilles Deleuze y Serge Daney, desde una lectura a contrapelo que detecta ciertos ‘puntos ciegos’ (recortes metodológicos, devaneos eurocéntricos, limitaciones epocales, criterios estéticos, en el caso del autor de Escritos sobre cine; recelo de la mirada y de la representación, en el crítico de La rampe). La segunda parte (“Memorias del pasado”) reflexiona sobre los cambios en el registro cinematográfico del documental (inmediatez, accesibilidad y permanencia) a partir de los tópicos del terrorismo de Estado, la dictadura y los desaparecidos, presentes en producciones de João Moreira Salles, David Blaustein, Nicolás Prividera, Albertina Carri, Benjamín Ávila, Andrés Di Tella. A distancia de los análisis sobre los “documentales en primera persona”, se sostiene que los films plantean “un yo vicario” que modifica el nexo con la memoria y lo viviente. 

Tomando como punto de partida una reveladora genealogía del cine latinoamericano que se remonta al Festival de Viña del Mar de 1969, que recorre la potencia monstruosa del cine de Leonardo Favio y llega hasta las secuelas de la crisis de 2001, la tercera parte (“Presentes del pueblo”) indaga el llamado retorno a la política bajo la consigna de lo nacional y lo popular, sea desde el lugar marginal que el nuevo cine argentino (siempre en cursivas) mantuvo con relación al relato oficial, o desde los films de Adrián Caetano y Paula de Luque sobre la figura de Kirchner, en los que se contrasta el drama político con la vuelta a una épica populista. No hay películas a priori más ilustres para la investigación que otras, sino que su relevancia está dada por los aportes que puedan brindar al dinamismo y a la in(ter)disciplina del campo de estudios sobre cine. En este sentido, en la cuarta parte (“En tránsito”), una crítica de varios estrenos de ficción –que van de Iron Man 3 (Shane Black, 2013) a Abraham Lincoln (Steven Spielberg, 2012), pasando por Wong Kar-Wai, Caetano Veloso y Bruno Dumont– desnaturaliza las premisas del valor intrínseco de los objetos que, en gran medida, todavía atraviesan la doxa académica. Más allá del pueblo busca desarmar las jerarquías que establecen la legitimidad de lo pensable, sin convertir el gesto irreverente en una sobreestimación. Tanto en este tramo final como en los ensayos que le anteceden, Aguilar explora el cine a partir de los indicios y mediaciones sociales y políticas que palpitan en sus formas. 

La obra no clausura la aporía decisiva: una vez más, la pregunta por si acaso el pueblo existe fuera del gesto que lo suprime, más allá –o más acá– de las imágenes que lo mistifican o sobresaltan. El itinerario propuesto por el autor sigue incursiones heterogéneas. La libertad del método, su recorrido ondulado e insinuante, deja que resuenen los armónicos del pueblo, cuya fuente se ha disipado de las instantáneas del presente. Se requiere una disposición especial para volverlos perceptibles y hacerlos dialogar sobre un horizonte de indeterminación. Este panorama implica volver a nombrar las formas históricas de la dominación, dirigir la atención a los conflictos por la hegemonía (patriarcal, capitalista), enfocar la dimensión polémica inseparable de los modos de narrar al otro.

 

1 Aguilar, Gonzalo. Más allá del pueblo. Imágenes, indicios y políticas del cine. Buenos Aires, Fondo de Cultura Económica, 2015.Pág. 292.