RESEÑA

Milagro imposible

Milagro Infame, de Luis Thonis, es un libro de relatos desparejo, en el que el autor no logra escapar de algunas encrucijadas: el problema de la forma, del revisionismo histórico y de una pedagogía política por momentos insólita para entender el presente.

 

Por Germán Lerzo 


Milagro Infame 

Luis Thonis
Editores Argentinos hnos., 2012

 

Debo confesar que, antes de leer Milagro Infame, la obra de Luis Thonis me era completamente desconocida. Después de su lectura, lo sigue siendo parcialmente. Los cuatro relatos que integran el libro están colmados de intenciones que son mejores que su realización, como si el autor se hubiera propuesto narrar argumentos convencionales que en su ejecución fallaron en el planteo o en la resolución de los hechos. Aun omitiendo que la brevedad, la unidad temática o el final sorpresivo no son elementos –para Thonis– fundamentales del género, los problemas persisten. El más recurrente, tal vez, sea la obsesión del narrador por los hechos históricos más diversos, combinado a una teoría política disparatada con la que intenta descubrir el funcionamiento de una organización criminal (Código Compinche) o describir la lógica parasitaria de una cultura letrada financiada por el Estado (Milagro infame). Así, elementos del ensayo sociológico, la geopolítica, el revisionismo histórico y la filosofía política conforman un aleph narrativo con los que el autor intenta ofrecernos un conocimiento Absoluto del siglo XX y una visión desenmascarada del mundo, que constituyen su Verdad. Esos desvíos de la trama hacia el historicismo en el primer y último relato del volumen se repiten de una forma tan manifiesta que el lector puede llegar a preguntarse si una novela histórica (ambientada en el nazismo) o un ensayo paranoico (sobre los sistemas totalitarios) no eran los géneros que debía transitar el autor para mayor comodidad de sus conocimientos, esos que le permiten combinar en una misma página ideas de Roberto Arlt, Aristóteles y Andy Warhol, por citar un caso.

Otro rasgo notable de los relatos de Milagro Infame es que guardan cierta semejanza con la trama o la atmósfera de cuentos conocidos. “Código compinche”, el relato inicial, gira en torno a la obsesión del protagonista por descubrir a la próxima víctima de una serie de crímenes (que se presentan como accidentes viales) y que habrían sido planificados con la intención de matarlo a él, de acuerdo con la lógica sucesiva del orden alfabético de los apellidos de las víctimas: Primero D, luego F, etc. La capacidad de anticipar una serie donde solo podría ser visible el azar convierten al protagonista en una suerte de razonador abstracto, como Lönrot en “La muerte y la brújula” de Borges. Pero esa trama y ese cierre perfectos que elabora el autor de Ficciones, en que el detective ignora ser la próxima víctima hasta caer en la red de una venganza maestra, en el cuento de Luis Thonis parecen decididamente forzados. 

“La sobrina de Bacon”, por su parte, construye una atmósfera doméstica y enrarecida en la que «el secreto» que esconde una niña ante la mirada de los adultos (su tío y la sirvienta), y el secreto del vínculo que los adultos intentan ocultar a la niña, imitan el clima surrealista y familiar de los cuentos de Cortázar. Probablemente, este relato, junto con “Dilema otoñal”, sea el menos contaminado por el elemento ensayístico y la pedagogía política del autor, sin perder de vista los hechos que se quieren contar, pero que hacia el final se desmorona por una resolución fallida, cuando descubrimos que todo concluye en la salvación mística de un hombre violento que decide hacer el bien gracias al objeto secreto que atesoraba la niña. Tal vez no hacía falta esa construcción del misterio para llegar a un final que sorprende, no por la irrupción de lo imprevisto, sino por la celebración de lo trivial. 

Por último, “Milagro infame”, que da nombre al libro, es un relato difícil de clasificar. La combinación de alegoría política, sátira social y ensayo que se extiende a lo largo de cien arduas páginas, desafía la paciencia y la tenacidad de quien escribe esta reseña.  Y uno se pregunta si la razón obsesiva del narrador no lo hace repetir las manías inconfundibles de la estupidez o la locura con esa visión apocalíptica sobre el futuro de Occidente (Europa, África y, naturalmente, Argentina) conquistado por el islamismo y sometido a la «cultura zartista», una suerte de Inquisición del arte que regula el valor estético de autores y obras. Así, los zartistas son “pequeños zares de la transgresión subvencionada que alientan el exterminio del arte” y “están fusionados de pies a cabeza a la burguesía socialista clepto pornocrática” (sic). “Los zartistas se extienden, bajo diversos nombres, en todas las culturas. La diferencia es que en nuestro país son gobierno…”, “Los zartistas predicaban con altura moral la fidelidad al deber de la memoria…”, “Cualquiera que les salga al cruce es tildado de fascista”. 

Estas ideas forman parte de la novela inconclusa del escritor Desiderio, que el narrador expone de principio a fin, sin usar ningún recurso narrativo que no sea el de repetir el legado de ese autor. Dicha novela explica el funcionamiento de la cultura dominante, que logró fusionar como un milagro infame (de ahí su nombre) a “la derecha bárbara” y “la izquierda ilustrada”. El narrador del cuento, que expone estas ideas como último integrante de un Tribunal Sintáctico, nos recuerda al chimpancé de “Informe para una Academia” (Kafka). Sin embargo, rápidamente nos damos cuenta que la distancia existente entre uno y otro cuento, entre el humor corrosivo de uno y el resentimiento explícito del otro, es la misma que separa a un gran cuentista de un cuentista malogrado que apenas roza el objetivo que se propuso, “encontrando voces en el vértigo”, para decirlo con sus palabras. 

Supongo que Martínez Estrada se encomendó a una tarea semejante a la de Thonis, cuando nos regaló esa imagen paranoica, de opresión y humillación, en el contexto histórico del peronismo, con el cuento “Sábado de gloria”. Entiendo que por ese camino está la clave de las ficciones políticas que intentan retratar, con agudeza, la disonancia del presente.