RESEÑA

El amo y el esclavo

Rescatamos Gracias, la segunda novela de Pablo Katchadjian, publicada en 2011, que contiene todos los elementos del relato de aventuras con los que se narra una revolución insólita para rendirle homenaje al género.

 

Por Germán Lerzo 

 

Gracias
De Pablo Katchadjian
Editorial Blatt & Ríos (2011)

 
El primer paso para la libertad no es cambiar la realidad
para que encaje en nuestros sueños,

sino cambiar el modo en que soñamos.

Slavoj Žižek 


La novela de aventuras suele ser uno de los géneros más cordiales con el lector. Su estructura es simple y el argumento se sostiene en los diversos obstáculos que debe sortear el protagonista. Como la acción es la clave de la velocidad con que avanza el relato, no hay lugar para las descripciones largas, el psicologismo o la construcción minuciosa de personajes. El modo en que se resuelven los sucesos nos ofrece un conocimiento sobre la naturaleza de su protagonista. La novela de aventuras (Defoe, Verne, Sterne, ¿Cervantes?) recupera de la epopeya –su forma originaria– la temática del viaje. El viaje y la acción son los elementos constitutivos de esta forma novelesca: el relato nunca se detiene porque el núcleo de la historia es la narración de acción en ese mundo nuevo y desconocido. Ese detalle singular permite que el lector avance cómodamente en la lectura por un camino seguro, como un espectador privilegiado, hasta la resolución de los hechos. Gracias, la segunda novela de Pablo Katchadjian (Buenos Aires, 1977) combina esos elementos, al mismo tiempo que evoca, desde la cita encubierta o la parodia, al modelo sobre el que se construye.

La aventura comienza con un viaje o con el final del mismo. Todo lo que sabemos sobre el protagonista sin nombre de Gracias es que llega en barco a una isla remota en condición de esclavo. Al igual que en Robinson Crusoe, el modo en que se descubre lo desconocido funciona como desencadenante de la aventura. El pasado del protagonista no interesa; vive en el presente. Y el día a día está marcado por las obligaciones laborales, los tormentos físicos y el vínculo, por momentos disparatado, que entabla con su amo y con la sirvienta que pretende conquistar. Si no fuera por la presión de esa mujer que desea y su amigo Hugo, el protagonista podría aceptar la vida desgraciada que le tocó en suerte sin intentar cambiarla. Pero la decisión de que ella lo acepte como amante depende de que la libere y se libere del despotismo de su amo. La concreción de ese objetivo produce una vuelta de tuerca en la historia, cuando él toma venganza de su amo y se convierte en el principal responsable de las personas que lo nombran Rey. De esta manera, Gracias narra la peripecia de un esclavo que recupera su libertad y luego se empecina en liberar a todos los esclavos de la isla, generando así un movimiento de emancipación plagado de obstáculos y nuevas formas de dominación que reemplazan el salvajismo del Rey derrocado.

Así, la resolución de los imprevistos que se presentan, conducen al protagonista hacia un dilema de orden existencial y otro de orden político: ¿Cómo lograr que los esclavos liberados tomen consciencia de su libertad, mientras se los usa como soldados para liberar a los otros? O ¿Cómo evitar que la revolución, en su intento por establecer un nuevo orden social, reproduzca otras formas del horror para establecerse? La clave del relato atraviesa esos interrogantes cuando un grupo social se contagia, por decirlo así, del impulso liberador, en cierta medida, salvaje, que no reconoce límites a la causa noble que en principio persigue. Siempre hay  un motivo para seguir luchando, ya que, como dice un personaje, “El enemigo nunca se extingue”. El problema dentro de ese sistema cerrado es que no siempre está bien definido quién ocupa el lugar de ese enemigo.

Si bien podría pensarse que Gracias tiene como referencia al viajero que Daniel Defoe abandonó en una isla, las diferencias no son menores. En principio, la perspectiva colonialista del autor inglés (entendible por la época en que narra), asume en la novela de Katchadjian una visión absolutamente opuesta. Robinson hace uso de los esclavos (Xury, Viernes) para cumplir un objetivo personal, mientras que el protagonista de Gracias se vale de ellos para lograr un bien colectivo. Robinson se autoproclama Rey, pero el protagonista de la novela de Katchadjian, acepta sin querer ese título que le dan los otros. Si en el primer relato está en juego la supervivencia, y el individualismo extremo es un medio para conseguirla; en el segundo se arriesga la vida propia para la constitución de un nuevo orden social en beneficio de todos, a pesar de las desgracias de proporciones bíblicas que eso genera. En última instancia, el relato pone en escena un problema  contemporáneo del que la novela de Defoe es, en cierta manera, ajena: se pueden suprimir las relaciones de dominación pero no se puede evitar el mal. Y el concepto de “la libertad total”,  que lleva por título su reciente novela, no es más que una maquinaria social capaz de replicar infinitas formas del caos, lo que motiva el desalojo de todos los habitantes de la isla.

Tal vez, en el momento culminante del relato se expone en dos dimensiones el agujero negro de la novela. Tanto en el sentido metafórico referido al bajón anímico que producen las raíces alucinógenas que  consume el protagonista, como en un sentido figurado en torno al agujero negro por donde la ideología parece naufragar. El protagonista entra en una dimensión delirante por donde se filtra, acaso, su impotencia para administrar el poder ante un conjunto de hombres rústicos y despolitizados. El fracaso de la revolución, contada en clave humorística, no es un problema de tono, sino de fondo: nadie sabe muy bien qué hacer cuando se tiene tanta libertad. Y las vacilaciones del narrador se hacen visibles, durante un breve lapso, ante la resolución de los hechos. Es entonces cuando “la manija”, ese estado incontrolable producido por la raíz que consume el protagonista, no es sino un placebo con el que se disimula la falta de pericia para administrar los hilos del poder que se le escurre de las manos. Vale decir que Gracias logra ser, no obstante, una historia sencilla, con elementos de ingenio narrativo cuya lectura puede provocar el entusiasmo de una historia bien contada.