RESEÑA

Un ecosistema frío y acartonado

La Antártida es el marco donde tiene lugar una residencia de escritores y artistas experimentales que van a desarrollar su obra, becados por una fundación. El resultado parece componer una imagen predecible sobre las imposturas en el ambiente literario, sin una historia sólida detrás.

 

Por Martín Doria 

 

Arno Schmidt 
Mariano Dupont
Seix Barral, 2014

 


Un rompehielos queda atascado por el hielo, kilómetros antes de llegar a puerto: Antártida Argentina, Isla Berkner, Base Belgrano III. El lector no lo descubrirá hasta muy tarde, pero estamos a mediados del siglo XXI. Da igual, las referencias temporales aquí no importan. Es la naturaleza quien impone todo, el espacio y el tiempo. Y contribuye a este aislamiento el ámbito de destino: una singular residencia para escritores y artistas de vanguardia, en un hotel muy peculiar, en medio de un desierto helado. La ASEWR (Arno Schmidt Experimental Writer´s Residence).

Mariano Dupont (el personaje escritor homónimo) es llevado ahí junto con otros colegas en helicóptero. Lo que sigue es la crónica en primera persona de la estadía del protagonista en el hotel. Las cosas que ve, la gente a quien conoce. A diferencia del resto, no se integra, está incómodo en ese mundillo de escritores, músicos y artistas “experimentales”, se asquea de su snobismo, sufre una crisis en cuanto al valor de la literatura, le cuesta darle un valor a lo que él mismo hace. 

Al hacerlo a través de su alter ego, Mariano Dupont el autor, se cuida de no quedar afuera de esa mirada crítica, irreverente, sobre la solemnidad del escritor. El becario Dupont se nos presenta como un neurótico que duda de su propia condición de artista al tiempo que libra envenenadas discusiones dentro de su cabeza con colegas de mayor prestigio y mayores ventas que a él ni siquiera registran. Dupont el autor juega aquí brevemente con un par de figuras reales del circuito literario, describiéndolas de manera oblicua y emitiendo opiniones lapidarias. Sobre Pedro Marcial Mota por ejemplo (¿un bizarro Mario Bellatín quizás?): “…la famosa pierna inteligente de Ébano de Ceilán…”, “…su calculada excentricidad, sus boutades y sus ideas peregrinas en torno al arte y la literatura…”, “…es pura impostura, esa es la verdad. Y como escritor, en fin…”. Lo mismo con algunos músicos, cuyos nombres aparecen apenas cambiados (en el caso por ejemplo del malogrado concierto de William Barinski, sic, “…su música me parece la mayor superchería de la historia del arte.”). El becario Dupont busca alejarse de ellos (“¡Raza podrida! ¡Cómo me agobian!”) tanto como acercarse al misterio de su éxito. Mientras, avanza con pereza pero sin dificultades en su proyecto, la reescritura del Popol Vuh en lenguaje autóctono y actual. 

El personaje es íntimamente virulento pero en su exterior es calmo y sumiso. Sus contradicciones y dudas recién se verbalizan frente a la hermosa licenciada española que actúa de consultora en la residencia. A ella le pregunta por el valor de la creación, el valor de la literatura. No recibe ninguna respuesta conclusiva. No importa demasiado, al final él está más embelesado por su belleza. 

Todo el tiempo pareciera haber oportunidades para el desarrollo de situaciones: el referido interés romántico en la Licenciada, la figura del peculiar director de la ASEWR y su necesidad de controlar de cerca el trabajo de los escritores, la extraña existencia de animales impropios al ecosistema de la Antártida y su más extraño comportamiento, ¡la muerte de un colega escritor!... Todas están ahí pero ninguna prospera. Quedan atascadas como el rompehielos, más temprano que tarde. Hay aquí un trabajo conciente del autor en desactivar recursos argumentales tradicionales a favor de la antinovela. Hace sin embargo uso de otros recursos clásicos (y mucho) como el diálogo o la descripción de personajes. Hay siempre un escape hacia adelante, narrar rápido a la velocidad de la cabeza del protagonista.

No resulta forzado trazar coordenadas e influencias. Quizás sea un gasto inútil, pero uno no puede dejar de reconocer algunas pistas. Desde la elección del título en referencia a Arno Schmidt, el escritor alemán, de cuya persona u obra no tenemos referencia en la novela. Sugiere al menos la influencia argumental de su República de los Sabios, donde el protagonista llega a una isla de artistas y filósofos, también con sus reglas y su fauna especial. El propio autor menciona en entrevistas a Libertella como influencia (En El camino de los hiperbóreos, el personaje  artista también busca su lugar en el mundo). Me atrevo a decir que La novela luminosa de Levrero y su protagonista (también un becario que dilata su obra y relata experiencias cotidianas en su diario), la condición de antinovela, influyeron en Arno Schmidt. La reescritura del clásico texto quiché que aparece intercalado en el relato central parece una práctica posible de Leónidas Lamborghini, tan aficionado a las reescrituras en su poética. Uno querría reconocer en la novela mucha lectura de Céline (Dupont lo ha traducido) en cuanto al uso expresivo de los signos de admiración y suspensivos, que abundan. El derrotero azaroso de la trama, la escritura hacia adelante y el final abrupto sin conclusión, nos ponen un poco en sintonía de Aira. Todo lo anterior puede pasar desapercibido para alguien desprovisto de brújulas literarias porque la novela no demanda su reconocimiento y permite una lectura fácil. Basta seguir el pensamiento del protagonista y sus acciones, avanzar en aguas tranquilas (aunque frías) y llegar a puerto. Terminar una novela leve, que no lleva ningún lado en particular ni levanta tormentas.

Queda claro que Dupont escribe bien, a veces deja escapar verdadera poesía en su prosa, pero quizás abusa de las influencias, tiene demasiadas en su cabeza (buen lector debe ser) y apeló a unas cuantas para configurar una narración “legible”, más amable con una masa de lectores superior a la de sus anteriores obras. Quizás lo único que realmente falla para ese objetivo es el intento de humor, demasiado cercano al cinismo y la sátira intelectual que a la fresca comicidad, ausente en los muchos diálogos de la novela.